Thursday, June 24, 2010

El caballero de las espuelas de oro - Alejandro Casona


Basada en la figura de Francisco de Quevedo, El caballero de las espuelas de oro es seguramente la obra más madura del gran poeta y dramaturgo Alejandro Casona (1903-1965), considerada como su testamento literario y estrenada un año antes de su muerte en Madrid. Del autor, afirmaba Jacinto Benavente: "Alejandro Casona es un gran poeta ante todo; cualidad sin la que no es posible ser un gran autor dramático, ni un gran novelista, ni si me apuran, nada que valga la pena en este mundo. Muy moderno, pero muy seguro de su modernidad, que no es la pirueta alocada de tantos volatines literarios. Alejandro Casona es, entre los jóvenes, uno de nuestros más positivos valores. Es, además, excelente persona; lo que, si bien pudiera significar poco para el valor de su obra -yo no lo creo así-, significa mucho para los que tenemos la satisfacción de llamarnos amigos suyos".

Gran poeta y de una modernidad que no es "pirueta alocada", con un estilo cercano al modernismo literario de Rubén Darío o el mismo Valle-Inclán, con un gusto especial por los temas populares, religiosos e incluso con un toque onírico, como el caso de su otra obra más importante, La sirena varada. Fue un gran amante del teatro clásico del Siglo de Oro español y de Shakespeare, de los que realizó diversas producciones. Como sus predecesores modernistas, siempre buscó la belleza en sus obras, afirmando que "la belleza es la otra forma de la verdad". Siendo lamentablemente exiliado de España, a su vuelta, todavía en los años 60 durante el franquismo y acogido de forma entusiasta por el público, fue criticado por los politiqueros de la literatura, ya que consideraban que debía escribir obras más "comprometidas". Sin embargo, nunca cayó en el realismo literario gris de esos panfletarios, ya que rechazando el arte por el arte, creía sinceramente en el mensaje universal del arte no sometido a la política, así como en la función educativa y espiritual del teatro.

En El caballero de las espuelas de oro se muestra como un autor profundo, que se inserta en la gran tradición teatral española, tal como fue reconocido con este estreno. Esta obra es una semblanza magistral del gran Francisco de Quevedo, pero va aún más allá. En ella se representa magistralmente y con gran lirismo, pero sin aspavientos, la idea del honor del Siglo de Oro español que encarna perfectamente Quevedo, así como la esencia del ser español. En él se refleja el caballero cristiano, el hombre fiel al ideal de la milicia cristiana, que no es exclusiva de tiempos de guerra, sino a veces aún más en tiempos de paz, pues como dice el Libro de Job, "Militia est vita hominis super terram". En Quevedo se encarna el héroe español, que bajo la apariencia del tullido, bebedor, fanfarrón y burlón, se muestra como un alma noble, presta al sacrificio y profundamente religiosa, a diferencia de la imagen puritana y protestante del héroe de apariencia impoluta y recatada, pero en el fondo rapaz y maquiavélico.

Decía Antonio Machado en uno de sus Proverbios y cantares, "vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas"; Quevedo aquí se nos muestra la antítesis, el hombre que vive en guerra con el mundo, con los hombres de mala voluntad y toda su corrupción, tentaciones y bienes efímeros, y en paz con su alma, por permanecer fiel al Bien y a la Verdad. Quevedo se enfrenta consigo mismo en el ejercicio de la virtud y con todos los hombres corruptos, y prefiere sufrir penas antes que rebajarse al soborno, aguantando estoicamente las pruebas que la Providencia pone ante él. Ciertamente hay un elemento también de estoicismo, corriente filosófica que resurgía en el s. XVI y XVII, siendo Quevedo uno de los traductores del Enchiridion de Epicteto, así como autor de obras en defensa de Epicuro y la Historia de Marco Bruto, a la que pertenece la cita que comienza la obra de Casona. En la época de crisis y decadencia después del auge de la Monarquía hispánica, Quevedo se nos presenta como un solitario que permanece leal a su fe en medio de las intrigas, con lo que el propio Casona, al que apodaban el solitario, se siente íntimamente ligado.


En definitiva, una auténtica obra maestra del teatro español del s. XX, que evoca en el tema y en su espíritu el mejor tiempo de las letras españolas y la profundidad y madurez del gran poeta que fue Alejandro Casona.




Wednesday, March 17, 2010

El caso Oscar Wilde

Es sabido actualmente, que Oscar Wilde se convirtió definitivamente al catolicismo antes de morir, lo que ha sido demostrado por Joseph Pearce, en su libro Oscar Wilde. La verdad sin máscaras, que además muestra un retrato profundo del genial escritor irlandés, sin esas máscaras propias de su personalidad excéntrica y polémica, y sin las que otros le han ido poniendo después con intereses reivindicativos de todo tipo. Esa conversión, como se ve profundizando en su vida y obra, no fue fruto repentino del momento en que se le acercaba la muerte, sino que se fue madurando durante largo tiempo, en una búsqueda intensa de la fe; una búsqueda estética a través de la belleza, pero no por ello superficial, pues cuando se acercaba su muerte, lo que se llama el "momento de la verdad", acabó por arrepentirse de sus pecados y confesar claramente su fe, quitandose para siempre todas sus máscaras.

Tal como cuenta documentadamente en su libro Joseph Pearce, meses antes de su muerte (30 de noviembre de 1900), visitó Roma y consiguió un pase para la audiencia papal del Domingo de Resurrección, donde recibió la bendición de León XIII. Sin embargo, allí seguía aún con sus ligerezas y una mezcla de piedad y superficialidad extraña. Paseando por Roma, a la que llamó "la única ciudad del alma", tuvo un encuentro con John Gray, quien le inspiró su Dorian Gray, aunque ya en este momento se habían distanciado completamente; John Gray, que se ordenaría sacerdote, paseaba por Roma con un grupo de seminaristas, y al cruzarse con Wilde ni si quiera se saludaron. Después de varios intentos frívolos, Wilde recuperó tras esta visita a Roma su afán de entrar en la Iglesia Católica, por lo que le consultó a su fiel amigo Robert B. Ross, que ya se había convertido. Sin embargo, éste no le tomó en serio.

No obstante, Wilde declaró al Daily Chronicle: "Gran parte de mi oblicuidad moral se debe al hecho de que mi padre no me permitió hacerme católico", y afirma también: "La faceta artística de la Iglesia habría curado mis degeneraciones. Tengo la intención de ser admitido en su seno en breve" (H. Montgomery Hyde, Oscar Wilde: A Biography, Eyre Methuen, Londres, 1976, p. 368, citado por J. Pearce). Poco después de estas declaraciones, Wilde estaba gravemente afectado de meningitis, y volvió a llamar a su amigo Robert Ross, que acudió a París, donde un doctor le informó que no viviría mucho si seguía con su estilo de vida y sus excesos alcohólicos. Wilde no estaba preocupado por morir, sino por no tener tiempo para saldar sus deudas y prepararse bien para ese trance. Aunque Ross no tomó demasiado en serio la situación, Wilde se deterioró rapidamente y pidió a su amigo un sacerdote; Ross le preguntó si era consciente de verdad de lo que quería, y éste le respondía afirmativamente con su mano. Así pues, llegó el padre Cuthbert Dunne, un pasionista natural de Dublin, igual que Wilde. Le administró el bautismo sub conditione y después la extremaunción. El padre Cuthbert Dunne afirmó después: "Por las señales que dio, así como por las palabras que trató de decir, me quedé tranquilo de haber recibido su consentimiento pleno. Y cuando repetí cerca de su oído los nombres sagrados, los actos de contricción, fe, esperanza y caridad, con muestras de humilde resignación a la voluntad de Dios, trató todo el rato de repetir conmigo las palabras" (Rupert Hart-Davis, Letters of Oscar Wilde, p. 857, citado por J. Pearce).

Esta es parte de la historia de su vida, pero como decimos, todo esto tiene perfecto sentido a la luz del conjunto total de su vida y obra, y como muestra, extraemos aquí estos fragmentos de sus dos obras maestras:

De Profundis

“Ni en Esquilo ni en Dante, maestros severos de la ternura, ni en Shakespeare, el más puramente humano de todos los grandes artistas, ni en la totalidad del mito y la leyenda celtas, donde la galanura del mundo se muestra a través de una bruma de lágrimas y la vida de un hombre no es más que la vida de una flor, hay nada que en pura simplicidad de patetismo fundida y unida con sublimidad de efecto trágico pueda ni equipararse ni acercarse siquiera al último acto de la Pasión de Cristo. La parva cena con sus compañeros, de los cuales uno ya le había vendido a un precio; la angustia en el silencioso olivar bajo la luna; el falso amigo que se acerca para entregarle con un beso; el amigo que todavía creía en él, y en quien como sobre una roca había esperado edificar su Casa de Refugio para el Hombre, que le niega cuando el gallo grita al amanecer; su soledad absoluta, su sumisión, su aceptación de todo; y al lado de todo eso, escenas como el sumo sacerdote de la Ortodoxia que se rasga iracundo las vestiduras, y el Magistrado de la Justicia Civil que pide agua con la vana esperanza de limpiarse de esa mancha de sangre inocente que hace de él la figura escarlata de la Historia; la ceremonia de coronación del Dolor, una de las cosas más prodigiosas que haya en toda la crónica de los tiempos; la crucifixión del Inocente ante los ojos de su madre y del discípulo al que amaba; los soldados que se juegan sus ropas a los dados; la terrible muerte con que dio al mundo su símbolo más eterno; y su entierro final en el sepulcro del hombre rico, con el cuerpo envuelto en lino egipcio y especias y perfumes caros como si hubiera sido el hijo de un Rey: cuando se contempla todo eso desde el punto de vista del Arte solamente, no se puede por menos de agradecer que el oficio supremo de la Iglesia sea la representación de la tragedia sin el derramamiento de sangre, la presentación mística mediante diálogo y vestidura y gesto incluso de la Pasión de su Señor, y es siempre una fuente de placer y profundo respeto para mí recordar que la última supervivencia del Coro griego, por lo demás perdido para el arte, se encuentra en el acólito que responde al sacerdote en la Misa.

Y sin embargo la vida de Cristo -tan enteramente pueden Dolor y Belleza ser una sola cosa en su significado y manifestación- es realmente un idilio, aunque acabe con el velo del templo desgarrado, y las tinieblas cubriendo la faz de la tierra, y la piedra rodada a la puerta del sepulcro. Uno siempre piensa en él como un joven novio con sus compañeros, como de hecho él mismo se describe en una ocasión, o un pastor que se pierde por el valle con sus ovejas en busca de prado verde o arroyo fresco, o un cantor que con música intenta alzar los muros de la ciudad de Dios, o un amante para cuyo amor el mundo entero era pequeño. Sus milagros me parecen tan exquisitos como la llegada de la Primavera, e igual de naturales. No encuentro dificultad alguna en creer que fuera tal el encanto de su personalidad que su mera presencia pudiera poner paz en las almas angustiadas, y que los que tocaban su vestido o sus manos se olvidaran de sus dolores; o que, a su paso por el camino de la vida, gente que no había visto nada de los misterios de la vida los viera claramente, y otros que habían sido sordos a toda voz que no fuera la del Placer oyeran por vez primera la voz del Amor y la encontraran tan «musical como el laúd de Apolo»; o que las malas pasiones huyeran ante él, y hombres cuyas vidas embotadas sin imaginación no habían sido sino un modo de muerte se alzaran como del sepulcro a su llamada; o que, cuando enseñaba en la ladera, la multitud se olvidara de su hambre y su sed y los cuidados de este mundo, y que a los amigos que le escuchaban al sentarse a comer la comida grosera les pareciera delicada, y el agua supiera a buen vino, y la casa entera se llenara de la fragancia y la dulzura del nardo.”

“Para mí una de las cosas de la historia que más hay que lamentar es que al renacimiento propio de Cristo, que había dado la catedral de Chartres, el ciclo de las leyendas artúricas, la vida de San Francisco de Asís, el arte de Giotto y la Divina Comedia de Dante, no se le dejara desarrollarse por sus vías, sino que fuera interrumpido y estropeado por el espantoso Renacimiento clásico que nos dio a Petrarca, y los frescos de Rafael, y la arquitectura paladiana, y la tragedia formal francesa, y la catedral de San Pablo, y la poesía de Pope, y todo lo que está hecho desde fuera y con reglas muertas, y no brota de dentro a impulsos de un espíritu que lo informa. Pero dondequiera que haya un movimiento romántico en el Arte, allí de algún modo, y bajo alguna forma, está Cristo, o el alma de Cristo. Está en Romeo y Julieta, en el Cuento de invierno, en la poesía provenzal, en «El marinero de antaño», en «La Belle Dame sans Merci» y en la «Balada de la caridad» de Chatterton.”


El retrato de Dorian Gray

"El diario sacrificio de la misa, más terriblemente real que todos los sacrificios del mundo antiguo, le conmovía tanto por su supremo desprecio del testimonio de los sentidos como por la primitiva simplicidad de sus elementos y el eterno patetismo de la tragedia humana que trataba de simbolizar. Le gustaba arrodillarse sobre el frío suelo de mármol, y contemplar al sacerdote, con su tiesa casulla floreada, apartar lentamiente con sus manos marfileñas el velo del tabernáculo, y alzar la custodia con la pálida hostia que a veces, a uno le gustaría creer es realmente el panis caelestis, el alimento de los ángeles; o, revestido con los atributos de la pasión de Cristo, partir la sagrada forma y golpearse el pecho para pedir la remisión de todos los pecados."

Tuesday, March 02, 2010

Contra la usura

"Recibir interés por un préstamo monetario es injusto en sí mismo, porque implica la venta de lo que no existe, con lo que manifiestamente se produce una desigualdad que es contraria a la justicia. Para su evidencia, debe recordarse que hay ciertos objetos cuyo uso consiste en su propia consumición; así consumimos el vino utilizándolo para la bebida y el trigo al emplearlo para la comida. De ahí que en estos casos no deban computarse separadamente el uso de la cosa y la cosa misma, sino que a todo aquel a quien se concede el uso se le concede también la cosa misma. De ahí que, tratándose de tales objetos, el préstamo transfiere la propiedad de los mismos. Luego si alguien quisiera vender de una parte el vino y de otra el uso del vino, vendería dos veces la misma cosa o vendería lo que no existe; y por esta razón cometería manifiestamente un pecado de injusticia. Por igual motivo comete una injusticia el que presta vino o trigo y exige dos pagos: uno, la restitución del equivalente de la cosa, y otro, el precio de su uso, de donde el nombre de usura.

Hay, por el contrario, otros objetos cuyo uso no implica su propia consumición; así, la utilización de una casa es habitar en ella, no destruirla, y, por consiguiente, tratándose de esta clase de cosas, se pueden conceder por separado ambos elementos, como cuando se cede a otra persona la propiedad de una casa, reservándose para sí el uso durante un cierto tiempo; o a la inversa, cuando se le concede el uso de la casa, reservándose para sí su dominio. De ahí que se pueda lícitamente recibir un pago por el uso de un inmueble y reclamar después la devolución del edificio prestado, como ocurre en el alquiler y arrendamiento de casas.

Mas el dinero, según el Filósofo, en V Ethic. y en I Polit., se ha inventado principalmente para realizar los cambios; y así, el uso propio y principal del dinero es su consumo o inversión, puesto que se gasta en las transacciones. Por consiguiente, es en sí ilícito percibir un precio por el uso del dinero prestado, que es lo que se denomina la usura. Y del mismo modo que el hombre ha de restituir las demás cosas injustamente adquiridas, también ha de hacerlo con el dinero que recibió en calidad de interés." (SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica, II-IIae, q. 78, a. 1)


Sunday, February 28, 2010

Milagro de la mañana - Ramón Mª del Valle-Inclán


Tañía una campana
En el azul cristal
De la paz aldeana.


Oración campesina
Que temblaba en el azul
Santidad matutina.


Y en el viejo camino
Cantaba un ruiseñor,
Y era de luz su trino.


La campana de aldea
Le dice con su voz,
Al pájaro, que crea.


La campana aldeana
En la gloria del sol
Era alma cristiana.


Al tocar esparcía
Aromas del rosal
De la Virgen María.


¡TES NO TEU PITEIRO,
PAXARIÑO NOVO,
GRACIA DE GAITEIRO!*


*("¡Tienes en tu pico,/ Joven pajarillo,/ Gracia de gaitero!")

Ramón María del Valle-Inclán: Aromas de leyenda, en Claves líricas

Wednesday, February 24, 2010

Una anécdota chestertoniana

"Generalmente, un hombre no logra olvidar el día de su boda, sobre todo si se trata de un día tan absolutamente cómico como el de la mía. La familia recuerda unas cuantas anécdotas, convertidas ya en leyendas familiares, sobre trenes perdidos, extravío de equipajes y otras cosas aún más excéntricas. Declaran contra mí, y es totalmente cierto, que de camino a la boda me detuve a beber un vaso de leche en una tienda y a comprar un revólver y balas en otra. Algunos lo han considerado como regalos de boda insólitos para que el novio se haga a sí mismo; y si la novia no me hubiera conocido tan bien, supongo que podría haberse imaginado que yo era un suicida, un asesino o lo que es aún peor, un abstemio militante. A mí, aquello me parecía lo más natural del mundo. Por supuesto que no compré la pistola para matarme a mí o a mi esposa; nunca fui verdaderamente moderno. La compré porque mi boda era la gran aventura de mi juventud, y también porque tenía la vaga idea de proteger a mi mujer de los piratas que sin duda infestaban Norfolk Broads, adonde nos dirigíamos [...]"

(G. K. Chesterton, Autobiografía, Barcelona, Ed. Acantilado, 2003, pp. 39-40)

Sunday, February 21, 2010

Vincent d'Indy, un compositor olvidado

Paul Marie Théodore Vincent d'Indy es uno de tantos grandes compositores olvidados y apenas incluidos en los programas de conciertos, pese a ser uno de los mejores músicos franceses contemporáneos, con un estilo cautivador y personal influído por diversas corrientes musicales, desde la música antigua y religiosa, hasta la música romántica de Berlioz, Liszt y Wagner. Nació en París el 27 de marzo de 1851 en una familia de tradición militar, monárquica y católica, originaria de Ardecha, región del Ródano. Las primeras lecciones de música las recibe de su abuela Rézia Thérèse d'Indy, pianista aficionada que le inculca el amor por la música en su infancia. De la mano de su tío conoce también la instrumentación romántica de Berlioz, y gracias a su vecina, Ellen Mac Swiney, conoce a Henri Duparc, ya que la joven escocesa sería poco después, en 1871, esposa de este famoso compositor francés. Duparc conoce por esa época a Liszt y a Wagner, y pone a Vincent d'Indy en contacto con la obra de estos dos grandes compositores, que tendrán una gran influencia en su obra, pero también en gran parte de la generación musical francesa del momento. Además del ambiente musical, Vincent d'Indy vive impregnado también del paisaje montañés alpino, y a parte de sus visitas a la casa familiar en Ardèche, en 1869 viaja por Italia, Suiza y el Tirol, lo que será también decisivo para la inspiración de sus grandes obras, en las que se refleja profundamente la atmósfera de los Alpes y las melodías populares de sus regiones. En esta época compone ya sus primeras obras, Quatre romances sans paroles, Angoisse y La Chanson des aventuriers de la Mer, que por consejo de Duparc, le muestra a Cesar Franck, quien lo toma entonces como alumno.

En 1872, d'Indy comienza a ir a clases de órgano con Cesar Franck en el Conservatorio de París, gran maestro de esta generación y del propio Duparc, con el cuál conoce y aprende a admirar enormemente la música sacra del s. XVI, fundamentalmente a Palestrina, Victoria y Gallus. Un año después, se dedica a viajar por Alemania, donde conoce personalmente a Liszt y se sigue impregnando de esta tradición germana, y en 1876 asiste a la representación del Anillo de Richard Wagner en Bayreuth, convirtiéndose en un entusiasta wagneriano.


En 1881 compone su famoso poema sinfónico, al estilo de Liszt, titulado Poème des montagnes, para piano y orquesta, en 1882 Helvétia, valses para piano en forma de lied en los que muestra su aprecio a Suiza, y al siguiente año, su primera gran obra dramática, Le chant de la cloche, basado en El canto de la campana de Schiller. Una de sus obras más importantes, de 1886, es la Symphonie sur un chant montagnard français (Sinfonía sobre un tema montañés, también llamada Sinfonía cévénole), en la que se plasma de manera más perfecta su estilo con reminiscencias de melodías populares alpinas, combinado con la orquestación al estilo de Berlioz y de los poemas sinfónicos de Liszt, sin olvidar nunca la inspiración wagneriana. Otras de sus obras basadas en melodías populares y temas de montaña son Quatre-vingts huit chansons populaires du Vivarais y Six chansons anciennes du Vivarais, basadas en las canciones populares de su región familiar, Fantaisie sur de thèmes populaires français, Cinq chansons folkloriques et deux rigaudons à une voix, su última obra, o Jour d'été à la montagne, también de ambientación alpina.


La influencia de Wagner se plasmará en alguna de estas obras, pero más claramente en sus obras dramáticas, especialmente en el drama musical Fervaal, para la cual el propio compositor, al estilo wagneriano, escribe el libreto. La obra tiene un carácter épico y guarda numerosas similitudes con Parsifal, además de exaltar el patriotismo y la lucha del cristianismo frente al paganismo, de manera similar a dicha obra de Wagner. Cerca del final, introduce el Pange Lingua, himno eucarístico medieval escrito por Santo Tomás de Aquino, lo que demuestra el gran aprecio que tuvo siempre Vincent d'Indy por la música antigua y religiosa. A esto se une el hecho de que fue uno de los fundadores y promotores de la Schola Cantorum de París, destinada a recuperar y fomentar la música sacra. Igualmente, participó en la fundación de la Sociedad de propaganda para la divulgación de obras maestras religiosas.

También se reflejan los temas gregorianos en su otro gran drama musical, La Légende de Saint Christophe, con libreto escrito igualmente por él mismo, basado en la hagiografía de San Cristobal según la Leyenda áurea, la más famosa recopilación medieval de vidas de santos, escritas por el dominico italiano Santiago de la Vorágine. Esta obra le valió la acusación de "antisemitismo", lo que unido a sus ideas monárquicas, que le llevan a militar en la Acción Francesa tras el caso Dreyfus, le enfrenta con el ambiente más progresista de la época. Entre sus obras más explícitamente monárquicas se encuentra Vive Henry quatre (Viva Enrique IV), basada en la famosa pieza musical que se convirtió en un himno de la restauración de la monarquía tradicional francesa. También en música se enfrentó a la ruptura del dodecafonismo y el atonalismo, que consideraba la decadencia de la música contemporánea y que ya comenzaba con Bartók y Schönberg. Esto le hace adherirse cada vez más a la armonía tradicional, lo que le lleva incluso a evolucionar desde las obras más claramente wagnerianas, a un cierto clasicismo, que impregna la mayor parte de sus obras de madurez.


Vincent d'Indy fue además presidente de la Sociedad Nacional de Música de Francia, y posteriormente dirigió a la Orquesta sinfónica de Boston, con la que interpretó obras de sus compatriotas, empezando por su maestro Cesar Franck, pero también de Fauré, Debussy, Dukas o Chausson. A su regreso a Francia se convirtió también en jurado del Conservatorio de Lyon. Además de componer y escribir los libretos de sus obras dramáticas, escribe también libros sobre Beethoven, Wagner y Cesar Frack. Tras su paso por Barcelona, donde dirige una de sus obras, en 1930, muere finalmente en su París natal el 2 de diciembre de 1931.





Wednesday, February 17, 2010

Miércoles de ceniza - T. S. Eliot


Porque no tengo esperanza de volver otra vez
Porque no tengo esperanza
Porque no tengo esperanza de volver
deseando el don de este hombre y la capacidad de aquel
hombre
ya no me esfuerzo por esforzarme hacia tales cosas
(¿por qué habría de extender sus alas el águila enve-
jecida?)
¿Por qué habría yo de lamentar
el desvanecido poder del reino acostumbrado?


Porque no tengo esperanza de conocer otra vez
la gloria inválida de la hora positiva
porque no pienso
porque sé que no conoceré
el único verdadero poder transitorio
porque no puedo beber
ahí donde florecen árboles y brotan fuentes, pues ahí
no hay nada otra vez.


Porque sé que el tiempo es siempre tiempo
y el lugar es siempre y sólo lugar
y lo que es efectivo es sólo efectivo por una vez
y sólo para un lugar
me alegro de que las cosas sean como son y
renuncio al rostro bienaventurado
y renuncio a la voz
porque no puedo tener esperanza de volver otra vez
por consiguiente me alegro, teniendo que construir algo
de que alegrarme
y ruego a Dios que tenga misericordia de nosotros
y ruego que pueda olvidar yo
esos asuntos que discuto demasiado conmigo mismo
explico demasiado
porque no tengo esperanza de volver otra vez
que respondan estas palabras
por lo que se ha hecho, para que no se vuelva a hacer
ojalá el juicio sobre nosotros no sea demasiado gravoso.


Porque estas alas ya no son alas para volar
sino simples aspas para batir el aire
el aire que ahora está completamente tenue y seco
más tenue y más seco que la voluntad
enséñanos a que nos importe y a que no nos importe
enséñanos a estar sentados tranquilos.


Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de
nuestra muerte.
Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra
muerte.




(Fragmento, tomado de T. S. Eliot Poesías reunidas 1909-1962, Alianza, 2006, trad. José María Valverde)


Because I do not hope to turn again
Because I do not hope
Because I do not hope to turn
Desiring this man's gift and that man's scope
I no longer strive to strive towards such things
(Why should the aged eagle stretch its wings?)
Why should I mourn
The vanished power of the usual reign?

Because I do not hope to know again
The infirm glory of the positive hour
Because I do not think
Because I know I shall not know
The one veritable transitory power
Because I cannot drink
There, where trees flower, and springs flow, for there is nothing again

Because I know that time is always time
And place is always an only place
And what is actual is actual only for one time
And only for one place
I rejoice that things are as they are and
I renounce the blessed face
And renounce the voice
Because I cannot hope to turn again
Consequently I rejoice, having to construct something
Upon which to rejoice

And pray to God to have mercy upon us
And pray that I may forget
These matters that with myself I too much discuss
Too much explain
Because I do not hope to turn again
Let these words answer
For what is done, not to be done again
May the judgement not be too heavy upon us

Because these wings are no longer wings to fly
But merely vans to beat the air
The air which is now thoroughly small and dry
Smaller and dryer than the will
Teach us to care and not to care
Teach us to sit still.

Pray for us sinners now and at the hour of our death
Pray for us now and at the hour of our death.


Friday, February 12, 2010

La Tierra Media y la Roma eterna


"Auden ha afirmado que para mí "el Norte es una dirección sagrada". Eso no es cierto. El Noroeste de Europa, donde yo (y la mayoría de mis antepasados) he vivido, tiene mi afecto como es propio que lo tenga el hogar de un hombre. Amo su atmósfera y sé más de sus historias y sus lenguas que de otras partes, pero no es "sagrado" ni agota mis afectos. Por ejemplo, siento un particular amor por la lengua latina, y entre sus descendientes, por la española. Que no es verdad en relación con mi historia, debería demostrarlo la mera lectura de las sinopsis. El Norte era el asiento de la fortaleza del Diablo. El avance de la historia culmina con lo que se parece mucho más al restablecimiento de un Sacro Imperio Romano eficaz con su asiento en Roma que a nada que hubiera sido concebido por un "nórdico"". (J.R.R. Tolkien, Cartas, Carpenter ed., pp. 436-437)

"Moribus antiquis stat res romana virisque"
"Gracias a sus antiguas costumbres y a la virilidad de los romanos se mantiene la causa de Roma" Ennio


Thursday, February 11, 2010

¿El ser es, o no es?


Es un tópico de las falsas filosofías suponer que no existe nada permanente ni fijo, ni verdadero, que todo es cambio, movimiento, evolución, mero devenir. Esto es lo que impera en el pensamiento posmoderno, aunque estas mismas teorías son paradójicamente muy antiguas y permanentes a lo largo de la historia. Parece ser, y así lo confirman las ideas siempre viejas de los "progresistas", que no hay nada nuevo bajo el sol ("Nihil sub sole novum" dice el Eclesiastés). Los mismos errores antiguos mil veces combatidos por la sana tradición filosófica son los que se nos presentan como nuevos, aunque cada vez con distintas máscaras y artificios, para seducir a los incautos que sólo ven lo superficial.

Fue Heráclito el que afirmó entre los presocráticos que todo es movimiento y eterno devenir, que todo fluye, como dice en su famosa sentencia (pánta rei). Contra esa idea demostró Aristóteles la existencia del ser permanente, sin por ello caer en el extremo de Parménides de negar el movimiento; afirmó que "también existe lo permanente, lo inmutable, es decir, el acto, el ser real. La negación de todo ser permanente y determinado negaría el devenir mismo, porque devenir sin deviniente, sin portador permanente, mutación sin algo permanente, que pase de una manera de ser a otra, ni si quiera pueden imaginarse. Si todo es únicamente "devenir", nada es, y si nada es, todo es lo mismo, lo verdadero y lo falso, el ser y el no ser, el devenir y el no devenir" (G. Manser sobre Aristóteles en "La esencia del tomismo"). Con esto refutaba Aristóteles el panteísmo del eterno devenir de Heráclito, que vuelve a surgir bajo nuevos ropajes con Hegel, Nietzsche y Bergson, entre otros importantes pensadores modernos.

Nietzsche nos deja en esta edad que llaman "post-moderna" con la idea de un eterno retorno, en el cual la historia sería un círculo vicioso sin sentido, con lo que acontece la llegada del nihilismo. La historia no tiene un sentido para Nietzsche, porque tampoco tiene sentido la vida humana en general, y ésta a su vez no tiene sentido porque no existe la verdad. En "Más allá del bien y del mal", quizá su obra central junto a "Así habló Zaratustra", Nietzsche lleva a cabo la demolición de toda verdad, que para él es sólo un artificio creado por intereses de la clase dominante para conseguir y mantener su dominio. Exactamente lo mismo que sostiene Marx para atacar a la religión y a todo lo que le suene a metafísica o moral. Y en último término, no existe para él la verdad, porque no hay ser, sino mero devenir, y eso es lo que fundamenta su rechazo infundamentado de toda metafísica, que como enseñó Aristóteles tiene por objeto el ser en cuanto ser. En "El ocaso de los ídolos" afirma Nietzsche precisamente: "Pero Heráclito tendrá eternamente razón al sostener que el ser es una ficción vacía".

¿Pueden tener "eternamente" razón los defensores del continuo devenir? Esta es la "eterna" paradója de los negadores de todo ser, de toda verdad y todo orden. Igual sucede con el escepticismo, pues supone una continua contradicción afirmar que no existe la verdad, decir que es verdad que no hay verdad. Y tampoco es posible mantenerse en esa especie de limbo de la "suspensión del juicio"; un hombre que vive sin afirmar ni negar nada es una abstracción imposible. El hombre vive inevitablemente con presupuestos, naturalmente fundados en la realidad (aunque también con otros muchos presupuestos adquiridos que pueden ser muchas veces falsos) y en la vida práctica es inevitable afirmar y negar, hacer y no hacer. Por este motivo, Balmes afirmaba en su "Filosofía fundamental" que la certeza es un hecho, pues antes de reflexionar sobre ella estamos siempre ya ciertos de algo; el sentido común nos pone en contacto con esa realidad, sobre la cual el filósofo no puede saltar. En una famosa anécdota sobre Pirrón de Elis, considerado el fundador del escepticismo griego, se dice que fue perseguido por un perro rabioso y tuvo a bien correr y subirse a un árbol, sin pensar si el perro y el árbol eran reales o ilusorios. Su respuesta a esto fue precisamente que es difícil despojarse completamente de la naturaleza humana. Efectivamente, es imposible despojarse de esa naturaleza dada, y por ello el filósofo no puede olvidarse de la realidad para empezar su filosofía desde la nada, un sistema construido como un castillo en el aire, tal como intentaron hacer los idealistas a partir de Descartes. Balmes fue un ejemplo de eso que Torras i Bages llamó el seny catalán, ese sentido común que es la característica fundamental del pensamiento tradicional catalán, y que en realidad es el rasgo distintivo de toda sana filosofía, desde Aristóteles al propio Balmes, pasando por Santo Tomás de Aquino. Balmes afirmó en la obra citada: "no quiero estar reñido con la naturaleza; si no puedo ser filósofo sin dejar de ser hombre, renuncio a la filosofía y me quedo con la humanidad".

No es posible entonces la afirmación absoluta del devenir, porque además de ir contra los principios fundamentales de la razón, lleva al escepticismo, que es igualmente absurdo e imposible en la vida práctica real. Por eso es necesario también rechazar todo tipo de evolucionismo o progresismo moderno, según los cuales la historia no tiene realmente un sentido pero "avanza" inevitablemente, progresa necesariamente pero sin una finalidad. Esto supone un absurdo que sin embargo ha sido asimilado de forma popular, y que significa que lo nuevo es siempre mejor que lo viejo y que lo que es bueno en una época es malo en otra, cayéndo así en un relativismo histórico. Pero este relativismo contradice la propia idea de progreso, pues todo progreso supone un referente fijo hacia el cual algo progresa, un modelo que mida que algo es mejor respecto a otra cosa, y ese modelo no puede progresar. Esto lo expresa perfectamente Chesterton en "Ortodoxia", donde dice lo siguiente: "Si el modelo cambia ¿cómo podría hablarse de mejoría, que supone siempre un ideal, un modelo?". Y así es, un continuo cambio sin sentido, hablar de una evolución hacia adelante, pero sin decir hacia qué o respecto a qué, es un sinsentido, una tautología vacía que no expresa nada. Pero vemos cómo cualquier absurdo ideológico actual se vende con este tipo de retórica vacía, según la cuál son valiosas unas ideas porque representan un avance, mientras que todo lo antiguo supone un retroceso. El progreso es lo que vale, aunque no se sepa qué significa ni hacia dónde se dirige ese progreso, y de lo que se trata es de romper siempre con toda tradición. Sin embargo, no es posible el progreso sin tradición, pues como hemos dicho, el progreso necesita de un modelo o idea fija hacia el cual dirigirse, ya que no puede concebirse ningún progreso basado en continuas rupturas. La ciencia progresa gracias a los conocimientos acumulados y heredados, que perfeccionándose poco a poco se dirige hacia la verdad en cualquiera de sus ámbitos específicos. Esto es lo que significa precisamente tradición, herencia recibida y donada a las siguientes generaciones, en un verdadero proceso de crecimiento progresivo. Citando a Vázquez de Mella dice Rafael Gambra que "el más tradicionalista no es el que sólo conserva, ni el que además corrige, sino el que añade y acrecienta, porque sigue mejor el ejemplo de los fundadores: producir y prolongar con el esfuerzo de sus obras", y continua él mismo: "en este sentido, tradición y progreso, lejos de oponerse, se identifican; o, más bien, resulta la tradición condición del progreso, y éste, consecuencia de aquel proceso interno" (en "Tradición o mimetismo").

El hombre es siempre un ser tradicional, quiéralo o no, sépalo o no, como también afirmaba Vázquez de Mella, y es eso lo que le pone en contacto con su realidad concreta y su sentido histórico.
La historia sí tiene sentido, y no es un eterno retorno de lo mismo, porque sino no existiría la tradición, que como hemos dicho es acumulación y posibilita el verdadero progreso. Existe el cambio, el devenir, pero ante todo existe el ser, la substancia, que es el sujeto en el cual se da el cambio, y sin el cual no puede pensarse tal cambio, como dijo Aristóteles. Estas substancias están sometidas a la generación y la corrupción, pero existen gracias a que existe el Ser en sí. Todo lo que es movido, es a su vez movido por otro, tal como podemos percibir de manera sensible; y como no es posible remontarnos infinitamente en esas causas de todo movimiento y todo cambio, es necesaro que exista finalmente un Ser origen de todo el movimiento, un motor inmóvil, como también afirmaba Aristóteles. Este Ser es el Ser en sí, el Ser que no es causado por ningún otro sino que es causa eficiente de todo lo demás, de todo lo creado, el Ser necesario que sustenta toda sustancia y también la causa final de todo lo que existe, hacia el cual se dirige todo y por lo cual todo cobra un sentido, tanto la vida individual del hombre como la vida colectiva, social e histórica. Ese Ser, principio y fin de todas las cosas, cuyos trascendentales son la Verdad, el Bien y la Belleza, íntimamente emparentados con él y sin el cual no podrían existir, es al que llamamos Dios.

Wednesday, February 03, 2010

Exaltación de la vida monástica

Por una curiosa coincidencia, estaba preparando un albúm de pinturas sobre la vida monástica y religiosa, sin yo haberme percatado (por ignorancia) de que el 2 de febrero (ayer) y fiesta de la Purificación de Nuestra Señora, es un día con una especial significación sobre la vida consagrada. Así pues, nos sumamos a las oraciones por las vocaciones religiosas de Costumbrario Tradicional, y valga también como homenaje esta galería artística, que refleja en cierto modo las virtudes monásticas de trabajo, estudio, oración y contemplación, sin excluir las escenas pintorescas y simpáticas.