PARSIFAL













TRISTAN E ISOLDA




La escenografía en el teatro se ha adaptado a los cánones estéticos del arte contemporáneo, aún a expensas de los autores "clásicos" cuyas obras se representan, y esto es lo que sucede muy especialmente con Richard Wagner, así como con otros grandes autores dramáticos como Shakespeare, Calderón o Lope. Cuando Wagner concibió su obra no dejó nada al azar, y junto a la grandísima elaboración del poema y la música, cuidó mucho los detalles escénicos que debían de acompañar al drama musical, conformando así lo que Wagner llamó Gesamkunstwerk, o lo que es lo mismo, la obra de arte total. Es decir, que su obra era concebida como un todo en el cual se armonizaban las artes plásticas o el elemento escenográfico, el arte poético y dramático, y el arte musical.















En estas Navidades fui a ver el "pesebre" de mi parroquia; y el pesebre me hizo sonreír; y eso que era como para llorar. Reír y llorar junto, eso es humor.
encarnada paradojalmente en un loco; y lo que el mundo llama sabiduría -"la listura de la finitud", que dice Kirkegor- está encarnada humorísticamente en un palurdo. Mas esas dos sabidurías, contrarías según San Pablo, no rompen entre sí ni riñen: vagan por el mundo existencialmente unidas, y el realismo zoquete es forzado a someterse al idealismo destornillado; que loco y todo resulta su amo, e incluso a disciplinarse y darse de azotes por él. Lutero se levantaba en ese tiempo contra las "disciplinas" de los monjes: Cervantes encuentra que las disciplinas están bien, pero en Sancho. Don Quijote lleva en sí una más alta disciplina, la disciplina interior, su fe. Lutero fue un quijote sin sancho, la "fe sin obras"; y eso fue su lástima.
El humor del Cristo traduce la inserción de lo eterno en lo finito, y despatarra lo finito. Podía destruirlo y aniquilarlo, pero no hace más que despatarrarlo; y por eso es humor: es expresión indirecta. La expresión directa de lo eterno es imposible en esta vida, no es humana. La expresión directa de Dios es la invisibilidad y la inefabilidad de Dios. Si Dios se hubiese atenido a la expresión directa, no conoceríamos nada a Dios: hubiera sido el Gran Ironista, pero no el Padre de los hombres. Y si hubiese usado el humor acre de Jonathan Swift, nos hubiese aterrado: hubiese sido el Verdugo y el Monstruo, como la diosa Kali o Baal Moloch.










