Tuesday, August 23, 2005

Joseph von Eichendorff - Poemas

Joseph von Eichendorff


Hace algún tiempo que mencionamos ya en esta modesta página a este gran poéta romántico que es Joseph von Eichendorff, cuyo relato Sortilegio de Otoño fue reproducido en su totalidad. Sin embargo, desde hace bastantes días he estado buscando todo lo que he podido sobre él y me he encontrado con la sorpresa de que toda su obra lleva sin editarse en castellano desde los años ochenta. Su obra poética es genial, de un aire mágico, misterioso, con todo el romanticismo de la noche; no es extraño que su fama le haya venido en el siglo XX gracias a los lieder de compositores románticos como Hans Pfitzner, Richard Strauss o Hugo Wolf, que pusieron música a sus bellos poemas. Sin embargo, es una pena y una vergüenza, que actualmente no podamos leer nada en español de este magnífico poeta del Romanticismo. Realmente yo no lo entiendo. Lo que sí he podido encontrar ha sido una de sus primeras obras famosas, que es el bello relato La estatua de mármol, de la edición de Olañeta (1987), para quien quiera buscarla.
Pero es precisamente del mundo musical de donde nos viene algún material sobre Eichendorff, ya que existen algunas traducciones de los lieder románticos con textos de sus poemas. Pero hay que decir que las traducciones están poco cuidadas generalmente y su estilo es más literal que literario, salvo algunas excepciones (las traducciones que pondré de Bochaca y R. M. Safont) de las que aquí pondrémos; sin embargo, gracias a esto podrémos hacernos una idea de lo que es la obra poética de este genial autor.


Joseph Karl Benedikt von Eichendorff nació en 1788 en el castillo que su familia poseía en Lubowitz, cerca de Ratibor, en Silesia. En 1813 se alistó en el ejercito prusiano para luchar contra la ocupación francesa de Napoleón. Durante sus años estudiantiles en Berlin, conoció a Friedrich Schlegel, con el que compartió una amistad y una afinidad ideológica, tanto filosófica como estética. Allí se fue constituyéndo su concepción vital, fuertemente marcada por un carácter religioso y nacional, muy influenciado por el barroco español. Tanto es así que Eichendorff fue traductor de varias obras de Calderón al alemán. Para Schlegel y Eichendorff, el Siglo de Oro español era el esplendor de lo medieval; no es extraño que estas dos épocas sirvan de bandera al Romanticismo, ya que ambas son un símbolo del catolicismo. Friedrich Schlegel proclamaba con esta frase una nueva cruzada del pensamiento y el espíritu: "Los ateos no sólo son los enemigos, sino los positivos servidores de Satán, contra los que todo escritor debe ser un soldado en Alemania". El poema Zorn (Indignación) es el reflejo poético de Eichendorff sobre esta idea de apostolado religioso y defensa de los valores católicos tradicionales. Comparado con los héroes y las gestas del pasado somos enanos, y por ello habla en este poema de una "nueva raza de enanos (...) cobarde en la tormenta"; pero en los malos tiempos Eichendorff declara aquí mismo: "Así pienso mantenerme leal a Tí (a Cristo)/ ya que nadie ha permanecido fiel". Novalis será otro poeta más en este renacer espiritual y su obra Europa o la cristiandad, que ya incluímos en esta página, es una exaltación de la unidad religiosa y la unidad europea, de las cuales las cruzadas serán la máxima expresión y por ello hallarán un hueco importante en la literatura romántica.

Lo religioso y lo nacional se reflejan perfectamente en las obras de Eichendorff, cuyos temas suelen ser siempre religiosos, populares y de leyenda, pero hay una nota más que es característica y fundamental de este poeta y de todo el Romanticismo, y es el amor a la naturaleza. Los poemas de Eichendorff pueden armonizarse perfectamente con el idealismo mágico de Novalis, donde la naturaleza y el hombre se hallan en perfecta unión. Así, la naturaleza representa estados de ánimo, sirve de metáfora y enseñanza moral, y el alma humana es un paisaje sublime, misterioso y melancólico. Y sobre todo paisaje siempre aparece "revoloteándo" el Espíritu de Dios (como dice el Génesis), como en el poema Nachts (De noche), donde podémos leer: "El Señor pasa sobre las cimas/ bendiciendo al país callado". Los valles silenciosos, el atardecer en la montaña o el canto de un ruiseñor bajo la luz de la Luna representan un anhelo del sosiego y la paz de la eternidad, que se filtra en la belleza del mundo y nos impulsa hacia la Belleza suprema que es Dios.

La temática popular y de exaltación de la vida natural y sencilla, de las costumbres campesinas y de la belleza del paisaje, del ambiente rural y de las noches al raso bajo las estrellas, encuentra su máxima expresión en la obra de Eichendorff más famosa, titulada Aus dem Leben eines Taugenichts (Escenas de la vida de un tunante). El idilio y la alegría de vivir se nos muestran a través del personaje bohemio y soñador que recorre el mundo con un equipaje mínimo en el que incluye un violín. Y en estas andanzas van apareciendo escenas de fiestas campesinas, de reposo en verdes praderas y noches estrelladas en plena naturaleza.

Por último merece la pena mencionar el papel que Eichendorff ha jugado en la música romántica, gracias a la cual podémos transcribir ahora algunos de sus poemas. Hugo Wolf fue uno de los que compuso numerosos lied sobre textos de Eichendorff, tales como La gitana, Hechizo nocturno o El amante desesperado. Pero fue más entrado el siglo XX cuando adquirió Eichendorff mayor relevancia en la música, especialmente con Hans Pfitzner, que puso música a bastantes de sus poemas y además compuso una magnífica cantata romántica basada íntegramente en este poeta:Von deutscher Seele (Del alma alemana), compuesta en 1921. Obra para solistas, coro, orquesta y órgano y compuesta de dos partes: Mensch und Natur (Hombre y Naturaleza) y Leben und Singen (Vida y canción). Y por último, fue Richard Strauss quien elevó a la fama su poema Im Abendrot (En el crepúsculo), el primero que aquí reproducimos. Fue este lied su genial apéndice musical, que en 1950 estranaría Furtwängler junto a sus otras tres últimas canciones, éstas con texto de Hermann Hesse; desde entonces siempre se interpretan como un todo unitario llamado simplemente Vier Letzte Lieder (Cuatro últimas canciones). Este genial compositor romántico dejo hecho su testimonio poético y musical con el bellísimo poema de Eichendorff que acontinuación podréis leer junto a algunos más.


EN LA PUESTA DE SOL

(Im abendrot )


Con penas y alegrías,
mano a mano, hemos caminado.
Reposemos ahora de nuestros viajes,
en la tranquila campiña.
A nuestro alrededor se inclinan los valles,
ya la brisa se ensombrece.
Sólo dos alondras alzan todavía el vuelo
soñando de nuevo en el oloroso aire.
Acércate y déjalas trinar,
pronto será hora de dormir,
para que no podamos perdernos
en esta soledad.
Oh, inmensa y dulce paz,
tan profunda en la puesta de sol,
qué fatigados estamos por haber caminado.
¿Será esta, entonces, la muerte?


EL CAMINANTE NOCTURNO

(Nachtwanderer)


Cabalga de noche en un corcel alazán,
cabalgó pasando ante muchos castillos.
¡Duerme, niña mía, hasta que amanezca!
La noche es enemiga de los hombres.
Cabalgó pasando ante un estanque,
Allí, una hermosa muchacha canta,
su camisa ondea al viento:
¡Pasa de largo, la niña esconde peligro!
Cabalgó pasando ante un río,
le saluda el duende de las aguas
y luego se sumerge de un salto.
El silencio cae sobre la fría casa.
Cuando el día y la noche peleaban,
cuando los gallos cantaban en la aldea,
se encabritó el corcel, relinchando,
piafando en el suelo, escarbaba su tumba.


RECLAMO

(Lockung)


¿No oyes el murmullo de los árboles
a través del éter silencioso?
¿No te gusta escuchar ahí abajo,
desde la azotea al suelo,
donde los arroyos fluyen, dulcemente,
en el claro de luna
y, desde el roquedal, los hieráticos castillos
se reflejan en el río?
¿Te acuerdas de las bellas canciones
de los viejos tiempos?
Por la noche, en la soledad del bosque,
todo lo alborotan,
cuando los árboles callados sueñan,
y el lilo huele sensual
y en el río murmuran las ondinas...
Ven aquí abajo, se está muy fresco.


LA MUCHACHA SOLITARIA

(Die Einsame)


Si fuera negra noche, yacería en los bosques,
en los bosques que murmullan tenuemente.
Con su manto tachonado de estrellas
la noche me cubriría.

El arroyuelo se desliza silenciosamente
en caso de que me haya dormido.
No, aún no duermo, escucho durante mucho tiempo,
a los ruiseñores.

Cuando las copas de los árboles se balancean sobre mí,
repicando toda la noche,
allí, en mi corazón, están los pensamientos
que cantan cuando nadie está despierto.

(Trad.: J. Bochaca)


EN OTOÑO

(Im Herbst)


El bosque amarillea, se caen las hojas,
¡qué vacío y silencioso se vuelve todo!
Sólo los arroyitos en el hayedo,
pasan dulcemente, como en sueños,
ya las campanas anuncian la mañana
desde la linde del bosque.
¿Qué fuerza me arrastra
hacia esta soledad?
El tañido de las campanas me recuerda
los dulces años de mi infancia...
Con temor me doy la vuelta,
¡qué lejos está el objeto de mi amor!
¡Emerged, viejas canciones
y romped mi corazón!
Aún saludo a lo lejos
a la causa de mi amor,
pero parece arrastrarme, con tristeza,
hacia abajo, hacia la tumba.


DESPEDIDA

(Abschied)



Al atardecer murmura el bosque
desde lo más profundo de su suelo,
arriba, Dios encenderá pronto las estrellas;
se extiende un silencio abismal,
sólo queda el murmullo del bosque
al atardecer.
Todo tiende al reposo,
bosque y tierra callan,
el caminante, aterrorizado,
quiere ir a su casa.
¡Aquí, bajo el verde techo del bosque,
corazón, camina tú también hacia el reposo!


VIAJE DE ESTUDIANTES

(Studentenfahrt)


Los cazadores caminan por el verde bosque
y los jinetes, magníficos, por los campos,
los estudiantes por todo el mundo,
tan lejos como los lleve el cielo azul.
La primavera es la sala de la alegría,
miles de pájaros cantan,
y resuenan en el bosque, aquí y allá:
¡Salve, amor mío, mil veces!
Muchos hijos de burgueses
viajan en contra de la corriente;
¡por difícil que parezca,
ten confianza en mí, niña mía, no temas!
Al otro lado, en las tranquilas aguas,
deja que a tus ojitos los requiebren,
y el que te guste,
que sea tu amante.
En la niebla nocturna camino silencioso,
no veo ninguna luz, el viento sopla gélido;
¡descorre el cerrojo en la noche callada
y así nosotros, jóvenes, estaremos juntos!
¡Adiós, niña, no llores!
Ya se oyen las voces aquí y allí,
en el bosque pronto surgirá la Aurora
y los estudiantes continuaran su camino.



DE NOCHE

(Nachts)


Estoy a la sombra del bosque
como si estuviera en el borde de la vida,
la tierra es como un prado oscuro,
la corriente como una cinta plateada.
A lo lejos tañen las campanas
y llegan hasta el bosque,
un corzo levanta la cabeza, asustado,
y en seguida vuelve a dormirse.
El bosque roza con las copas de los árboles
el sueño de la pared rocosa.
El Señor pasa sobre las cimas
bendiciendo al país callado.


LA LLAMADA

(Der Weckruf)


Todas las noches el Señor patrulla
buscando incansablemente a los suyos,
pero donde vaya, encuentra cerrados
las puertas y los corazones.
Lleno de tristeza regresa:
No hay nadie que vele conmigo.
Sólo el bosque que lo advierte con horror,
murmura piadoso toda la noche.
En el solitario bosque oí tañer,
sobre el valle y los abismos,
campanas a través del callado aire,
como si viniera de mañanas lejanas.
Quiero llamar a la puerta
del palacio y la cabaña: ¡Abrid!
¡Las cimas ya flamean,
despertad, despertad!


LA VEJEZ

(Das Alter)


Entre las altas nubes vuelan los pájaros,
en la tierra soñolienta asoman los narcisos,
las alegres canciones callan
y el sombrío invierno lo cubre todo.
El reloj marca las horas, en la alcoba
canta el pájaro que capturaste en otoño.
Los recuerdos semejan un álbum de fotos,
lo hojeas, protegido del temporal y del frío.
Agradable siento la vejez: detente,
pronto caerá el rocío de los tejados
y el viento rolará en la noche.
Un alegre mensajero golpea en la ventana,
sales sorprendido y no regresas,
pues ya llegó la inmortal primavera.


Hechizo nocturno

(Nachtzauber)


¿No oyes a lo lejos el correr de los manantiales,
entre piedras y flores,
en dirección a los silenciosos lagos del bosque,
donde las estatuas de mármol se hallan
en bella soledad?
Lentamente, de las montañas,
despertando a las antiquísimas canciones,
desciende la maravillosa noche
y los valles resplandecen de nuevo,
como tú, a menudo, soñando los imaginaste.
¿No conoces la flor que se abre
en el valle inundado por el resplandor de la luna?
Del capullo medio abierto,
brotan nuevos y florecientes miembros,
blancos brazos, roja boca.
Y los ruiseñores cantan,
y en derredor se alza un lamento,
¡ay! por una herida amorosa mortal
procedente de bellos días ya desaparecidos.
¡Ven, oh, ven al valle silencioso!
¡Ven! ¡Ven!

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