Sunday, January 01, 2006

Franz Liszt; el hombre y el artista


"El arte por el arte es un absurdo…. Su objeto común es de satisfacer las necesidades de orden moral, de segundar los esfuerzos de la humanidad para alcanzar su fin, elevarlo sobre tierra e imprimirle un perpetuo movimiento ascendente"

Franz Liszt



Me gustaría dedicar una entrada de este humilde blog a Franz Liszt, donde no sólo quede expuesto su genio artístico sino su gran talla humana y espiritual, y nada mejor para esto que el genial artículo de Ramón Bau aparecido recientemente en Regards sur Wagner (2005), publicación conjunta de la Associació Wagneriana y el Cercle Richard Wagner. Dicho artículo, titulado FRANZ LISZT: Genio y Bondad a la sombra del virtuosismo, es un maravilloso repaso por la vida de este gran músico, cuyo virtuosismo al piano fue comparable al de Paganini en el violín, pero que trascendio con creces esta faceta, tanto en su obra como en su vida, convirtiéndose en una personalidad excepcional. Fue un hombre dedicado a amar a aquellos que le rodeaban, incluso a sus enemigos, como buen cristiano que fue; por su amplitud de miras y gran amor al arte, era capaz de promocionar obras y ayudar a artistas que le criticaban y se comportaban de manera incorrecta con él. Como verémos, para Liszt no era importante ni constituía un fin en si mismo su virtuosismo y ensanchar su ego con él, sino que por encima estaba el arte y la belleza, que a su vez son medios para el engrandecimiento espiritual del hombre.

De este primer artículo mencionado, expondré un fragmento significativo que a su vez se unirá con un pequeño texto donde un fraile franciscano comenta un poco la relación de Liszt con esta orden religiosa. El texto entero, que recomiendo vivamente, puede encontrarse en: http://archivowagner.info/liszt-vida.rtf




Franz Liszt: Genio y Bondad a la sombra del virtuosismo. Regards sur Wagner (2005)
por Ramón Bau


EL SACRIFICIO DE LISZT POR LA AMISTAD Y EL ARTE


"De todas formas nunca me oculté que mi posición era de las más difíciles y mi tarea de lo más ingrato durante muchos años. Habiendo Wagner tan admirablemente innovado y ejecutado tan admirables obras maestras, mi primer deber era conquistar a esas obras maestras una posición enraizada en el suelo alemán, precisamente cuando él estaba en el exilio de su patria y cuando todos los teatros de Alemania temían arriesgarse a poner su nombre en un cartel de anuncio. Cuatro años de empecinamiento, si así quereis llamarlo, por mi parte fueron suficientes para que eso se consiguiera, pese a los pocos medios de que yo disponía. En efecto, Viena, Berlin, Madrid, etc no hacen más que seguir lo que se hacía en Weimar hace 10 años". Franz Liszt

Liszt fue siempre desprendido en el dinero para los demás. Ya a los 16 años vendió su piano Erard, regalo especial de la casa Erard, para poder dar un gran entierro a su padre y ayudar a su madre.
En 1845, Liszt se entera que solo se han recogido 400 francos para un gran monumento a Beethoven en Bonn. Se indigna y decide pagarlos él, vale 60.000 francos. Se dedica a dar conciertos para ello de forma constante. Su ayuda a todas las obras de promoción fue constante en toda su vida pero es a partir de 1848, tras instalarse en Weimar en la corte de Sajonia, cuando realmente Liszt decide, con una generosidad que no se encuentra en ningún otro compositor importante, dedicarse a promocionar todos los artistas con pocos recursos y fama pero que siguen el camino romántico y sensible en su música.
Es un caso único pues cuando dispone de los medios necesarios para promocionar sus propias obras, cuando está componiendo sus mejores obras, cuando la Corte y los salones se le abren a todo lo que diga, Liszt dedicará casi todo su esfuerzo en promocionar las obras de los demás autores, y lo más increíble, lo hará incluso con autores que le criticarán brutalmente, pagando con insultos su apoyo desinteresado.
En Weimar estrenará lo último de los románticos junto a lo desconocido de Beethoven, todo, eso si, dentro de la música sensible, música de programa y profundamente sentimental.
Estrena en 1852 ‘Benvenutto Cellini’ de Berlioz (ópera romántica que había fracasado estrepitosamente en Paris en 1838), ‘Egmont’ de Beethoven, ‘La Sinfonía Fantástica’ y ‘La infancia de Cristo’ de Berlioz, el ‘Fausto’ y ‘Genoveva’ de Schumann…. La lista es interminable, todo lo nuevo lo promociona, especialmente toda la obra de Berlioz.
Berlioz le dejó prestado el manuscrito de su Sinfonía Fantástica el día siguiente de haberla acabado, cuando Liszt tenía solo 19 años. Siempre estuvo apoyando e interesado en lo último de cada compositor de genio.
Mientras Schumann y Berlioz critican a Liszt ante la corte de Weimar, en cambio Liszt logra estrenar las obras de ambos en Weimar. Schumann y Clara (que le llama ‘destroza pianos’) lo critican por su dedicación enorme por Wagner, y por su ‘esplendor al piano’ (Carta de Robert Schuman a Clara Schuman18 marzo 1840: "Ese mundo, quiero decir el de Liszt, no nos pertenece. El arte tal como tu lo practicas, y tal como yo lo ejerzo cuando compongo en mi piano, esa tierna intimidad, no la doy a cambio de todo su esplendor, en efecto, hay demasiado virtuosismo’).
Berlioz no soporta en algunas ocasiones el éxito de Wagner, se marcha de un Lohengrin efectuado en Weimar a mitad de representación.
Poco después sin embargo Liszt estrena en Weimar el ‘Manfredo’ y ‘Genoveva’ de Schumann, y casi todo lo de Berlioz, incluso organizó tres ‘Semanas Berlioz’ (1852, 1855 y 1856).
Berlioz se levantó un día mientras Liszt tocaba uno de sus Poemas Sinfónicos y le dijo a la Princesa Carolina: ‘Nuestro amigo músico, que se imagina que es además compositor…."… la ingratitud de quien debía su fama a Liszt. Liszt que le escribió en 1838, cuando el fracaso en Paris de su ‘Cellini’: "Honor a ti Berlioz, pues luchas realmente con coraje invencible, si aun no has domado a la Gorgona, si las serpientes aun silban a tus pies amenazantes con sus dardos venenosos, si la envidia y la estupidez, la malicia y la perfidia se multiplican a tu alrededor, no tengas miedo, los Dioses te ayudan. Combate, dolor y gloria: es el destino del genio" (Lettres d’un bachelier és musique).
Sin embargo es evidente que, pese a todo, las relaciones de Berlioz, Liszt y Wagner atravesaron momentos buenos y se admiraron mutuamente, aunque no faltaron tampoco las críticas. Wagner mostró una admiración especial por la obra de Berlioz ‘Romeo y Julieta’ de Berlioz: "Debemos honrar a Berlioz como el verdadero redentor de nuestro mundo musical". Y cuando se vieron en Londres en 1855, Wagner dirá a Liszt: "Mi visita a Londres me ha proporcionado un auténtico provecho: se trata de la cordial y sincera amistad que ha nacido entre Berlioz y yo".
"Tocamos la Sinfonía Fantástica, el primer movimiento, quejumboso y melancólico, que nos encanta. Richard dice: ‘es aquí donde Berlioz es el mejor, la escena de campo hace pensar demasiado en la Pastoral, el final tiene falta de flexibilidad y de encanto’. " (Diario Cósima, 5 Octubre 75)
Liszt fue incluso ‘corredor de vino’ húngaro, marca Szekzarder, de 1865 a 1875, entre las casas reales y la nobleza, llego a pagar el mismo las muestras que repartía… todo para ayudar a su amigo Antonio Agusz que lo producía y a la producción húngara.
Creo que una anécdota que muestra esa generosidad y amor fanático por los compositores de genio puede verse en lo que dice en ‘Mi Vida’ el propio Wagner (sobre 1861): "Las obras que se presentaron en aquel festival no valían ciertamente gran cosa. Figuraban entre ellas una cantata de Weisheimar, ‘La Tumba en el Busento’, que pasó inadvertida, pero la ‘Marcha Alemana’ de Draesecke provocó un verdadero escándalo. En esta singular composición, Draesecke, no obstante a estar bien dotado, parecía haberse propuesto mofarse del público. Por motivos incomprensibles, Liszt, que le protegía con un apasionamiento fuera de lugar, obligó a Büllow a que dirigiera dicha prueba. A pesar de que Hans cumplió brillantemente su cometido y hasta dirigió de memoria, el alboroto que se armó fue mayúsculo. No obstante el entusiasmo con que eran acogidas las composiciones de Liszt, no se había logrado que el autor se mostrara una sola vez ante el público y, en cambio, cuando aún resonaba el último acorde de la ‘Marcha’ de Draesecke, con la cual terminaba el concierto, mi amigo de puso de pie en el palco de proscenio y aplaudió acaloradamente la obra de su protegido. Y como el auditorio expresaba su descontento, Liszt se inclinó sobre la barandilla del palco y, tendiendo los brazos, batió abundantes palmas y prorrumpió en enérgicos bravos. Sobrevino entonces una auténtica lucha entre el público y Liszt, cuyo semblante estaba encendido por la cólera. Blandina, sentada a mi lado, estaba como yo desesperada de la inaudita conducta de su padre y pasó mucho tiempo antes de que pudiéramos recobrarnos de aquel incidente. Liszt no dio ninguna explicación. Solo le oímos proferir algunos epítetos de furioso desprecio dirigidos al público weimeriano, ‘para el que aquella música eran aun demasiado buena".
Fue también más tarde, a partir de 1869, ya sin cargo oficial en Weimar, y sin poder por ello estrenar obras en su teatro, profesor de jóvenes de genio que luego fueron grandes compositores. Da lecciones magistrales solo para grandes artistas, pasan allí: Albeniz, Borodin, Saint Saens…. Pese a su falta de cargo público logra en 1877 que se presente en Weimar por primera vez el ’Sanson y Dalila’ de Saint Saens y entre sus protegidos estará desde 1873 d’Indy. Y en 1875 funda la Academia de la Música de Budapest.
Uno de los temas que se ha entendido a veces mal es la gran cantidad de transcripciones y paráfrasis que hizo Liszt.
De unas 1300 obras de su opus, 400 son suyas y lo demás paráfrasis o transcripciones de otros al piano. Aunque es verdad que esta costumbre estaba muy de moda por todos los compositores, era algo popular pues las melodías más famosas de las óperas gustaban mucho y era imposible oirlas con orquesta completa en los salones, pero aun así en el caso de Liszt la cantidad de obras y los autores sobre los que efectuó las transcripciones muestra una voluntad clara de difusión.
En aquella época las obras para orquesta, sean sinfónicas u operísticas, eran de muy difícil difusión, dado que en los salones e incluso en las veladas de la Corte no se disponía de orquesta completa en modo alguno. Así pues Liszt tenía que transcribir las obras de los nuevos compositores para darlos a conocer en sus salidas por toda Europa.
Compositores como Von Büllow:, P. Cornelius, Berlioz, Gounod:, F. Erkel, F. Draeseke, Saint-Saens, Schumann, Schubert ….. fueron dados a conocer por Liszt en muchas ciudades en sus versiones a piano. Y por supuesto, antes que nada, a Wagner. En cada velada introducía un tema wagneriano. Hizo las adaptaciones de todas las sinfonías de Beethoven, que aunque parezca mentira, era aun un gran desconocido en muchas partes.
Escribe Liszt en ‘Lettres d’un bachelier ès musique’: "Me he dedicado escrupulosamente, como si se tratase de la traducción de un texto sagrado, a transcribir para piano no solo la base musical de la sinfonía, sino también sus efectos en los detalles y la multiplicidad de combinaciones armónicas y rítmicas".
Trascribió también óperas. Liszt no seguía a veces exactamente la ópera sino el sentido general. Así en ‘Los Hugonotes’ de Meyerbeer, hizo dos versiones, en la segunda de 1842 modificó su final para que tuviera un cierto optimismo, una ‘salvación’ pese al horror de la matanza de San Bartolomé de protestantes. Esto es algo similar a lo que hizo luego en los Poemas Sinfónicos respecto a los textos de inspiración.
Es interesante ver que su admiración por Wagner era tan inmensa que incluso en un tema donde Liszt era un gran maestro, como es en las transcripciones para piano, escribe es su carta a su hija Daniela el 14 abril 1882:
"Muy diferente pasa con las admirables variaciones de Wagner a la orquestación de la Novena Sinfonía de Beethoven y su adaptación, no menos admirable, del Stabat Mater de Palestrina. Habiéndome ocupado largo tiempo de estos temas, me permito reconocer en este asunto también en Wagner al Maestro de los Maestros".
Wagner escribió un texto con adaptaciones y algunas propuestas de cambios en la orquestación de la Novena Sinfonía, lo que fue muy criticado por algunos puristas.
Uno de los que conocieron a Wagner a través de Liszt fue Hans von Bullow. De joven oye el Lohengrin en Weimar, deja todo y se va a ver a Wagner a Zurich, estudiando con él orquestación. Wagner le recomienda ir a Weimar con Liszt para especializarse en piano, y tras estar allí logra el cargo de Profesor de Piano en el Conservatorio Stern de Berlín.
Dice Wagner en ‘Mi Vida’ (1851): "En aquel invierno me avine aun a dirigir la heroica de Beethoven. En dicho concierto Bullow se reveló como pianista. Temerario, quizás un poco imprudente, escogió la obertura de Tannhäuser arreglada para piano por Liszt, pieza tan ingeniosa como difícil. Büllow causó sensación y a mí mismo me llenó de asombro. Hasta aquel momento no había apreciado su virtuosismo en su justo valor"
Otro ejemplo de su labor generosa y profunda fue su gran Proyecto de una Fundación Goethe que promoviera todo el arte en general en Alemania, crear una especia de olimpiada del Arte anual. Era algo parecido a la idea de Bayreuth, crear un lugar especial para el Arte. Este tema, que le ocupó tiempo y dinero, fracasó por falta de apoyo e interés, lo que desmoralizó mucho a Liszt, que se va retirando de la Corte de Weimar, donde se le empieza a criticar, y se va a centrar más en componer.
En Weimar el Gran Duque le era muy favorable pero su Chambelán era contrario a Liszt "las composiciones de Liszt no son sino manías de un gran virtuoso" (comentario del Chambelán a Wagner). Estamos al final de la era de Weimar.

LISZT; UN CATOLICO FERVIENTE EN EL ARTE

"Yo he tomado partido seriamente como compositor religioso y católico. Dado que este es un campo ilimitado para el Arte y yo me siento con vocación para cultivarlo vigorosamente….. El hecho es, y creo poder decirlo de corazón y con plena modestia, que entre los compositores que conozco no hay ninguno que tenga un sentimiento tan intenso y profundo de la música religiosa como este tu humilde servidor. Además, mis profundos estudios de Palestrina, Lassus, hasta Bach y Beethoven, que son la cima del arte católico, me dan un gran apoyo". Carta a la Princesa Carolina del 16-Sep-56

El tema religioso fue para Liszt algo esencial, es sin duda uno de los autores románticos en el que la religión influye más directamente en su obra. Aunque todo el romanticismo está profundamente imbricado con la espiritualidad y la religiosidad, ésta suele ser más implícita que explícita en las obras artísticas musicales. Si bien es cierto que el Parsifal de Wagner o la Misa Solemnis de Beethoven indican claramente un camino espiritual cristiano profundo, la obra de Beethoven y Wagner en general muestran su espiritualidad de forma mucho menos explícitamente cristiana que la de Liszt.
Liszt tanto en su vida como en su obra trató de expresar una renovación católica constante. Ya de pequeño tiene una pequeña crisis mística y desea ya entrar a sacerdote, pero su padre logra hacerle olvidar este intento, pese a que su mismo padre había sido novicio franciscano, por lo que le puso a su hijo ‘Francisco’ de nombre.
A los 16 años va con su madre a Paris a dar lecciones de piano. Su primer amor, Carolina Saint Cricq es un fracaso pues su padre (Ministro de Comercio) la casa con un Conde. Liszt tiene 17 años (1828). Sufre una gran depresión y enfermedad durante 18 meses de la que sale con los acontecimientos políticos de Julio 1830.
Se hace saintsimonista (un socialismo utópico y cristiano) que es otra muestra de esa constante religiosa de amor al prójimo y al necesitado. Este tema será importante. Saint-Simon se hizo famoso con su ‘"El Nuevo Cristianismo", y Liszt estuvo muy influenciado por este tema, especialmente por la personalidad del sacerdote Lamennais (1782-1854), que le inspiró varias obras y utilizó varios de sus poemas. Lamennais fue excomulgado más tarde por su ‘Palabras de un Creyente’.
Su vida mundana hace que se olvide un tanto de este aspecto religioso durante toda la etapa previa a Weimar, especialmente con su pésima relación con Maria d’Agoult, etapa negra de su vida tanto en lo amoroso como en lo espiritual. No fue un buen padre durante esos años, su comportamiento es errático y mundano. Recordemos la carta 13 Octubre 1855 de Büllow a Liszt: "Vuestras hijas están tristes porque no os ocupais nada de ellas, pero tristes con una resignación verdaderamente cristiana. Esperan en vano desde hace semanas cartas de Paris (Nota: Su madre estaba en Paris). Se lamentan de sus esperanzas frustradas. Les he preguntado con cierta amargura porque no se lamentaban nada de la falta de noticias de su padre. Cósima me ha contestado que nunca se lamenta precisamente de lo que más la hace sufrir".
Su reencuentro con la religión se debe sin duda a la benéfica influencia de la Princesa Carolina. Y se concretará en su etapa final en Weimar.
El Zar de Rusia expulsa a la Princesa Carolina en 1854 debido a la influencia de la familia de su esposo oficial, y por ello la duquesa de Weimar, que es hermana del Zar y gran protectora de Liszt, tiene problemas para seguir protegiendole. Todo esto lo deprime. Liszt está trabajando en la Misa Solemne de Gran para la Catedral de Gran (1856), y allí pide entrar como hermano laico en un convento de Franciscanos.
En 1857 estrena Los Ideales y La Sinfonía Fausto, se inicia un cierto boicot de la Corte y de los nobles hacia Liszt por el tema de su relación con Carolina y por desear una música más ‘fácil’ a la que propone siempre Liszt.
En 1857 el Gran Duque Carlos Alejandro quiere que su teatro sea más popular, con obras que guste a la italiana, y en 1858 Liszt presenta la renuncia. La ruptura total con la Corte de Weimar llega al boicotearse la representación que da de ‘El barbero de Bagdad’ de Cornelius. Renuncia al cargo, pues pone la condición para quedarse el representar el ‘Tristan e Isolda’ de Wagner, no aceptándose dicha condición. Inmediatamente sufre el golpe de la muerte inesperada de su hijo Daniel a los 20 años.
Y por fin el empujón final será en 1861, cuando el Papa anuncia que aprobará la anulación matrimonial de Carolina, Liszt se anima y prepara la boda. Pero las presiones de los familiares rusos del esposo de Carolina hacen que el Papa cambie de opinión y se decida finalmente contra la nulidad. A partir de 1861, Liszt se refugia en Roma. Carolina estará 25 años en un apartamento escribiendo su enorme "Causas interiores de la debilidad de la Iglesia", obra que fue puesta además en el Indice más tarde por el Vaticano. Tras la renuncia a obtener la anulación ambos tienen una etapa religiosa que les durará hasta el final de sus vidas.
Por si fuera poco muere su hija Blandine, Liszt escribe pensando en ella la ‘Leyenda de Isabel de Hungría’, y se va en 1863 un tiempo al convento de Monte Mario. Recibe incluso la visita del Papa Pio IX, quien no se atreve a nombrarlo director de su Capilla por no ser sacerdote y por lo ‘raro’ (para la costumbre clásica imperante aun) de su música religiosa. Pio IX admiró a Liszt, fue su amigo, y trató de ayudarlo siempre que pudo. Escribió carolina: "Nunca he visto dos hombres que se parezcan tanto en sus almas como Pio IX y Liszt"
En 1860 ha escrito su Testamento:
"Este es mi testamento, lo escribo el 14 de septiembre de 1860, cuando la Iglesia celebra la Exaltación de la Santa Cruz. Esta fiesta habla del ardiente y misterioso sentimiento que ha traspasado, como un estigma sagrado, mi vida entera. Si, Jesús crucificado, la locura de la exaltación de la Cruz, era mi verdadera vocación. Yo la he sentido hasta en lo más profundo del corazón desde los 17 años, cuando pedía con lágrimas y súplicas que se me permitiera entrar en el Seminario de París, y esperaba que me fuera dado poder vivir una vida como la de los santos, y a poder ser morir la muerte de los Mártires.. Pero no ha sido así. Pero siempre desde ese momento, en medio de las numerosas faltas y errores que yo he cometido, y de los cuales tengo un sincero arrepentimiento y contrición, la divina luz de la Cruz nunca me ha sido retirada. …. Y para rendir testimonio de mi Fe, deseo recibir los Santos Sacramentos de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana antes de morir, y con ellos obtener la remisión y absolución de mis pecados. Amen."
Liszt se convierte en Abad (Órdenes Menores) a los 54 años, en 1865.

LA MUSICA DE ORGANO EN LISZT:
El Liszt religioso se mostrará artísticamente especialmente en su relación con las obras de Órgano.
Liszt fue el UNICO compositor totalmente romántico que escribió en serio para órgano, y es debido a su fe profunda religiosa y su interés por este instrumento.
"Ignoro porque, pero la vista de una catedral me emociona profundamente. ¿Será por qué la Música es una arquitectura de sonidos, o la Arquitectura una música cristalizada?"
Busca un ‘Órgano sinfónico’: ‘Sus posibilidades de evocación de todo el universo de sonidos’. Tras él solo vemos a Cesar Franck como gran compositor de órgano, pero ya no es un romántico puro. Liszt conoció a Cesar Franck en 1866 y 1878.
Balzac dedicó a Liszt la novela ‘La Duquesa de Langeais’, y en ella dice: "El órgano es sin duda el más grande, más audaz, el más magnífico de los instrumentos creados por el genio humano… Es una orquesta entera a la que una mano hábil puede pedirlo todo".
Tiene unos 47 opus en órgano, muchas son trascripciones para este instrumento de anteriores a piano.
Pero hay tres importantes, especialmente:
- Preludio y Fuga sobre B.A.C.H.
- Variaciones sobre ‘Weinen, Klagen, Sorgen, Zagen’
- Fantasía y Fuga ‘Ad nos, ad salutarem undam’
Aparte tiene las 3 Odas Fúnebres (Trauer Ode), la primera ‘Los Muertos’ es para órgano en memoria de su hijo Daniel.
Sobre la música religiosa de Liszt vamos a hablar más tarde, pero adelantemos que es abundante y de importancia vital.
Sufrirá continuas burlas de Maria d’Agoult o de Rossini, entre otros, por su religiosidad y su vestimenta religiosa, pero él siempre será sincero en su vocación. Incluso cuando tenga fallos en su vida posterior.
En 1877 tiene una etapa mística, se va a Tívoli, donde estará semi retirado en Villa D’Este, se hace Canónigo y termina su Vía Crucis, los Siete Sacramentos y Vals Mefisto.
Tiene una última gran pasión artística con el grupo ‘Los Cinco’ de Rusia: Borodin, Balakireff, Mussorgsky, Cesar Cui y Rimsky Korsakoff


LA OBRA RELIGIOSA EN LISZT

"Hay almas meditativas que la soledad y la contemplación elevan invenciblemente hacia idea infinitas, es decir hacia la religión. Todos sus pensamientos se convierten en entusiasmo y oración, toda su existencia es un himno mudo a la Divinidad y la esperanza. Buscan en la creación y en ellos mismos escalones para subir hacia Dios, expresiones e imágenes para que se les revele el mismo Dios: ¡quizás pueda yo prestarlas algunas de estas expresiones!.
Hay corazones quebrantados por el pesar, rechazados por el mundo, que buscan refugio en el seno de sus pensamientos, en la soledad de su alma, para llorar y tener esperanza y adorar. Quizás se dejen visitar por una musa solitaria como ellos mismos, encontrar un amigo en estos acordes y decir mientras los escuchan: Rezamos con tus palabras, lloramos con tus lágrimas, invocamos tus cantos". Cita de Lamartine que Liszt pone de prólogo para sus 10 Armonías poéticas y religiosas.
Además de escribir su tratado ‘De la música religiosa’ en 1834, Liszt tiene muchas obras de intención religiosa explícita.
Sin pretender ser exhaustivos, vale la pena analizar lo mejor de estas obras, aparte de la música de órgano que ya hemos visto, porque es sin duda una aportación esencial de Liszt que es olvidada casi siempre.
Christus. Oratorio, para solos, coro, órgano y orquesta. Acabado en 1866 pero no pulido y preparado para su edición hasta 1873, es la última obra religiosa de importancia creada por Liszt, para la cual escribió él mismo su texto basado en los Evangelios. Escribir un oratorio sobre la figura de Cristo fue siempre un deseo del compositor -Wagner también pensó, en su juventud, componer un drama lírico sobre Jesús de Nazareth- y al realizarlo, crea la más depurada y profunda de sus obras religiosas.
Se compone de tres episodios: "Oratorio de Navidad", "Después de la Epifanía" y "Pasión y Resurrección" donde se resumen 14 episodios de la vida de Cristo.
Es indudable que en el Christus logra Liszt una expresión religiosa más honda, despojada de toda mundanidad y aparato externo. Es la exaltación de la Cruz.
La leyenda de Santa Isabel. Oratorio, escrito entre los años 1857-1862, sobre un libreto de Otto Roquette, bajo la inspiración de unos frescos que Liszt observó en el castillo de la Warburg. Se narran los episodios sobresalientes de Isabel, la ilustre Princesa de Hungría. Consta de dos partes y seis episodios, que describen la boda de la Princesa de Hungría con Ludwig, Landgrave de Eisenach; luego el encuentro de Ludwig, volviendo de una cacería encuentra a su esposa socorriendo a los pobres, Isabel y el milagro de las rosas. Después las escenas épicas de los cruzados, la muerte del Landgrave, y por fin la expulsión de Isabel y la muerte de la Santa. Es la más celebrada de sus composiciones religiosas. Como se ha hecho observar muy bien, este oratorio, a pesar de su carácter, participa del poema sinfónico en sus momentos descriptivos -que son intensamente evocativos- y de la ópera por la fuerza dramática con que las pasiones en pugna están expresadas en las partes vocales.
Misa de Gran, en re (Para solistas, coro, orquesta y órgano). Escrita en 1855 y destinada a la inauguración de la catedral de Gran, en Hungría. Como Beethoven en su Misa solemne, aquí Liszt se aparta de los cánones habituales de la música litúrgica, y por ello en ambos casos fue criticada por los que las encargaron. Del mismo modo que en las partituras sinfónicas, el elemento "romántico" interfiere en el desarrollo de las formas canónicas de la misa. El dramatismo religioso de esta música tiende a crear "efectos" que, no obstante su belleza musical y su innegable sinceridad, chocan al asistente a una liturgia. Liszt decía que "había rezado esta misa, más componerla". Es una gran sinfonía dramática.
El Cardenal Primado de Hungría se la encarga. Se celebra el agosto 1856. Fue un escándalo, pues su música no es litúrgica, es sensible, y no adecuada quizás a ser tocada en una catedral. Nos dice uno de los críticos: "Liszt comete sin embargo un error, el de encerrar su obra bajo las bóvedas de una catedral, donde la libertad de su expresión hizo el efecto de un desorden. Todo lo que es fuerza y pasión se perdió en la vasta resonancia de la basílica. Los cantos planos, con su potencia unísona, la armonía simple o masiva se adaptan mejor a esa arquitectura".
Su conocimiento de la Misa como composición puede verse en su carta del 27 agosto 1861 von Büllow sobre una posible celebración por parte de éste de la Misa de Gran: "En la Iglesia Católica la composición de una Misa se compone normalmente de 7 trozos musicales: Kyrie - Gloria - Credo - Sanctus - Benedictus - Agnus Dei y Dona Nobis Pacem (estos dos últimos están siempre unidos uno al otro). Y hay dos partes más, ‘ad libitum’, muy a menudo escogidos entre obras de otro compositor distinto al de la Misa, y que se llaman Gradual y Offertotium. El Gradual se coloca tras el Gloria, antes de la lectura del Evangelio que sigue inmediatamente al Credo. Y el Ofertorium tras el Sanctus y el Benedictus, antes del Agnus Dei. El texto se saca del Nuevo o Antiguo Testamento o de los Himnos y Oraciones de la Liturgia. Por ello mis ‘Beatitudes’ son perfectamente adecuadas para servir de Gradual, y ofrecerán al auditorio un punto de reposo favorable entre el Gloria y el Credo".
Efectuó otras muchas obras, como la Misa coral, en la menor (1886), la Misa, en do menor. Con órgano (1881), la Misa húngara de la coronación, en mi bemol (1866-1867), para la Coronación de Francisco Jose I como Rey de Hungría, la Misa para voces de hombre (1848).
Y una infinidad de obras como An den Heiligen Franciskus (Al santo Francisco) (1862), Angelus (Con coro de ángeles) (1849), Contentibus organis. Solo de contralto y coros (1881), Le Dieu des magyars (El Dios de los húngaros), para voces masculinas con poema del poeta húngaro Petöfi (1881), 10 Himnos eclesiásticos. (uno es el Himno Pontifical al Papa Pio IX en órgano de 1843. Pasó a piano en 1864. Se usó luego en el Christus en el diálogo de Cristo y San Pedro tras la resurrección), Nun danket alle Gott (Agradezcamos a Dios), el Requiem para voces de hombre, 1868, se dice que en memoria del Emperador de México Maximiliano, pero él dijo que era por su Madre Anna Liszt muerta en 1866, y sus hijos, San Francisco de Asís (1885), Leyenda de Santa Cecilia, para voces femeninas (1875), un Vía Crucis, 14 escenas sobre la Cruz (no se estrenó hasta 1929 en Hungría), los Weinachtsbaum (El árbol de Navidad), y los Salmos 13, 18, 23, 116, 129, 137 (de ellos podemos recordar la carta de Büllow a Liszt "Mil gracias por la satisfacción que me ha dado el recibir tu Salmo. Es una obra sublime. Sois sin duda el verdadero fundador del ‘Arte de la música religiosa’, y me postro ante el autor de esta obra de arte cuya elevación y su puro sentido profundamente religioso se contagia a quien se acerca a esa obra con un poco de inteligencia y sin demasiado materialismo en los sentimientos". 30 Septiembre 1855)
Tema aparte son las 10 Harmonies poètiques et religieuses (Armonías poéticas y religiosas), dedicadas inicialmente a Lamennais pero luego a Carolina, son una recopilación de música religiosa sensible y de profunda emoción, contiene por ejemplo el nº 3 Bénédiction de Dieu dans la solitude (Bendición de Dios en la soledad,. surgida del poema homónimo de Lamartine. El nº 4, Pensée des morts (Pensamiento a los muertos). El título da el carácter de la obra en memoria de sus muertos queridos, especialmente de Carolina de Saint-Cricq. Un Pater Noster bajo tema gregoriano, el nº 8, Miserere. Según Palestrina, con las palabras del Salmo 51 y el nº 9, Andante lacrimoso, responde bien a su título: "Tombez, larmes silencieuses".
Vale la pena resaltar también las 2 Leyendas de 1863, la Nº 1 de San Francisco de Asís predicando a los pájaros. Y la Nº 2. San Francisco de Paula caminando sobre las olas, dos páginas muy conocidas del género melódico-sentimental-religioso. El primero lo tocó al Papa Pio IX cuando le visitó en su refugio de Monte Mario.
Otro ejemplo del sentimiento religioso expuesta en la música se ve en su "Preludio y variaciones, sobre el tema de la canción ‘Weinen, Klagen, Sorgen, Zagen’ de Bach".
Se trata del texto del 1er Coro de la Cantata BWV 12 de Bach "Lágrimas, lamentos, preocupaciones, miedos, angustias y miserias son el pan amargo de los cristianos" de 1714, que luego uso ese mismo tema musical en la Cantata ‘Jesu, der du mein Seele’ y en el Crucifixus de la Misa en Si Menor de Bach. Liszt acaba de saber la muerte de su hija Blandine en 1863. Aunque toda la obra refleja dolor, acaba en un majestuoso triunfo del amor sobre la muerte, de resignación, "Lo que Dios hace, está bien hecho".
Las últimas obras de Liszt muestran sin duda un pesimismo y su estado consciente ante la muerte. Vemos así ‘Nuege Gris’, ‘La Gondole Fúnebre’ (1881), ‘Czurdas macabras’ (1882), ‘Richard Wagner en Venecia’ (1883), ‘Preludio y Macha fúnebre’ (1885)


Franz Liszt
Un franciscano con clase


"El amor me ha salvado de mí mismo, el arte me ha salvado del amor, la religión me ha salvado del arte, porque todo pasa, excepto Dios". Esta afirmación tan densa de fe nos viene de un gran pianista, el más grande de la historia: Franz Liszt, nacido en 1811 en Raiding (Hungría) y muerto en 1886 en Bayreuth. Liszt fue el concertista más admirado, más discutido, mejor pagado de Europa, con éxitos comparables a los que obtuvo en la década anterior otro gran músico: el violinista Nicolás Paganini.
Su vida está marcada por el éxito desde joven, con conciertos por toda Europa, suscitando en todas partes la mayor aprobación y estupor por su modo revolucionario de tocar. A finales del 1847 abandonó su carrera concertista y se estableció en Weimar, como director de la Capilla de Corte; durante casi una década se dedicó a la composición, a la dirección de orquesta y a la enseñanza. En 1861 Liszt salió de Weimar para establecerse en Roma, que se convirtió en su residencia habitual hasta la muerte, y en 1865 recibió la tonsura y las órdenes menores.
Como explicó el mismo Liszt a Hans von Bulow, otro célebre pianista, en 1865, este gesto suyo no fue una conversión propiamente dicha, sino la consecuencia natural de su manera de vivir: "Sin la música -dirá poco antes de morir- me habría entregado totalmente a la Iglesia y habría sido simplemente un fraile franciscano.. Las aspiraciones de mi juventud y las de mi vejez se han encontrado". Se hizo Terciario franciscano en 1857, estrechando sus lazos con el Santo de Asís, de quien llevaba el nombre de Franz, recibido de su padre Adam Liszt, terciario franciscano también él.
El conocimiento de los frailes franciscanos por parte de Liszt tuvo lugar a partir de 1823, después de su primer gran éxito en la ciudad de Pest; su padre Adam lo llevó al convento de los franciscanos para encontrarse con un amigo suyo, Joseph Wagner, convertido en Padre Johan Capistrano. Aquella primera visita a los franciscanos quedó bien impresa en el ánimo del joven Liszt, que volverá a ellos buscando descanso para su alma, a veces exaltada, perdida, agitada; y para saludar al Padre Johan, que mientras tanto lo habían hecho guardián.
Las relaciones con el convento, sobre todo con el Padre Johan, quedan bien resaltadas por el hecho de que Liszt dedicó la misa a 4 voces y órgano, compuesta en 1848, a otro padre franciscano, el P. Joseph Albach.
Liszt regresó al convento de Pest en 1846, y de nuevo en agosto de 1856; a su amiga y confidente la princesa Carolyne Wittgenstein así le escribe: "Mis viejas relaciones con este con este convento no han disminuido con los años y los franciscanos me han recibido como uno de ellos", aunque es consciente que su ánimo era "mitad zíngaro (húngaro) y mitad franciscano".
Su vocación religiosa se manifestó ya en la adolescencia, mediante crisis místicas e impulsos hacia la vida eclesiástica, de lo que fue disuadido por el padre, el confesor y los amigos. Su atracción por la vida religiosa se adormeció desde su encuentro con Gerge Sand, con Marie d'Agoult y con otras tantas mujeres que aparecieron en su vida, distrayéndolo de su sentir profundo, que nunca le faltó. El 8 de septiembre de 1856 Liszt decidió y solicitó entrar en la Orden franciscana de Pest como "confrater seraphicus", primer grado de la jerarquía franciscana. Tal opción comportaba el derecho a vestir el hábito franciscano y poder ser sepultado con él.
Liszt coronará este deseo suyo el 11 de abril de 1858, cuando fue recibido solemnemente en la Orden franciscana (seglar) en el convento de Pest.
La devoción por el Pobrecillo de Asís llevará a Liszt a viajar a Umbria, para visitar la ciudad de San Francisco el 5 de julio de 1868. La ciudad era ya meta de eruditos, apasionados del arte, hombres de fe y no creyentes. Entre los distintos personajes que visitaron Asís se recuerdan ilustres escritores como Jean Jacques Antoine Ampére y Antoine Claude "Valery", el alemán Wolfgang von Goethe y el estadounidense James Henry. Liszt empieza su visita en la Basílica de Santa María de los Ángeles y la concluirá en la Basílica de San Francisco, esto porque deseaba ardientemente ir enseguida a rezar a la Porciúncula, "la adorable capillita" de San Francisco.
Llegado a la Basílica de San Francisco, Liszt se queda extasiado, admirando los frescos de Cimabue y las cuatro velas sobre el altar mayor de la basílica inferior. Lo acompañaron en su visita el inseparable abad Solfanelli, el Padre Ruggeri y el profesor Cristofani, historiador de la ciudad, que le explicó "las cosas memorables y las maravillas de este monumento de la catolicidad". De la meditación y el recogimiento surgió en la mente del músico la inspiración para componer el motete "Mihi autem adharere", ofertorio de la Misa de San Francisco, que le dió el Padre Alejandro Borroni, maestro de capilla de la Basílica durante 40 años, desde 1856 hasta 1896, del que se recuerda su composición más célebre, la antífona Tota Pulchra que cada año se canta en las iglesias franciscanas el día de la Inmaculada.La mañana del 6 de julio el abad Solanelli celebró la eucaristía en la tumba de San Francisco y por la tarde salieron con destino a Fabriano.
En la paz de la ermita de Monte Mario Liszt se dedicó a componer. La lectura de las Florecillas de San Francisco, del Cántico de las Criaturas, del libro de F. Ozanam sobre los Poetas franciscanos en Italia y de la Vida de San Francisco de Giuseppe Miscimarra, le inspiraron la composición de dos piezas para piano: El Cántico de las Criaturas de San Francisco y la Leyenda de San Francisco que predica a los pájaros.
Liszt permaneció en Asís menos de dos días, pero, no obstante la brevedad de su visita, podemos subrayar dos aspectos importantes de su sentirse franciscano.
Ante todo el sentirse en contacto íntimo con la humanidad y con la naturaleza en general. Él escribe: "Yo no vivo para mí mismo, sino que me hago parte de todo lo que me rodea". Decía además que "la música es una de las manifestaciones humanas, por lo que es inseparable de la vida de la humanidad, y hay que considerarla en estrecha relación y en intercambio recíproco con ella".
Liszt no cantó sólo al ánimo humano, sino a la misma naturaleza, interpretando musicalmente la naturaleza de los paisajes, de los cuadros, de los poemas literarios, de los estados psicológicos, por lo que habría que mirar la universalidad de su música, más que el simple aspecto virtuoso.
Después de una vida marcada por el éxito, por las ganancias millonarias, Liszt murió franciscanamente (dejando su túnica, algunas camisas y siete pañuelos), no por haber disipado su fortuna, sino por haberla dado a amigos, músicos y desconocidos... Dos breves episodios ilustran su exquisita caridad. Un día, durante uno de sus tantos conciertos, no teniendo dinero consigo, se arrancó un botón de oro del chaleco, para dárselo a un pedigüeño; otra vez, en cambio, vendió su reloj, con tal de tener algo que dar a una viuda que le pedía la caridad.
Los dos puntos fuertes de toda la ética lisztiana son la Verdad y la Caridad, según la cita de la carta de San Pablo a los Efesios (4, 15).
El abad Lamennais dijo de él, cuando Liszt era joven: "Es una de las almas más bellas y nobles que he encontrado en la tierra".

Fr. Giuseppe Magrino Ofmconv.
Traducción de Fr. Tomás Gálvez

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San Francisco y la música
"Ebrio de amor compasivo por Cristo, San Francisco exteriorizaba así sus sentimientos: la dulce melodía espiritual que bullía en su interior, la expresaba frecuentemente en francés, y el soplo del susurro divino que furtivamente percibía en su oído estallaba en júbilo, manifestado en la misma lengua. A veces tomaba un palo del suelo, lo apoyaba en el brazo izquierdo y, con otro palo en la mano derecha, lo rasgueaba, a modo de arco, como si de un violín u otro instrumento se tratara; y cantaba en francés a Jesucristo con gestos acompasados. Todo ese regocijo terminaba, finalmente, en lágrimas, y el júbilo se deshacía en compasión por la pasión de Cristo. Con eso exhalaba continuos suspiros y, redoblando sus gemidos, se olvidaba de lo que traía entre manos y se quedaba absorto, mirando al cielo". (Espejo de Perfección, 93)

Tuesday, December 27, 2005

La triste Navidad (Cuento)

LA TRISTE NAVIDAD
por Jordi Mota


Si alguien hubiese pretendido que podía existir en el mundo un lugar más feliz que aquél, habría encontrado la firme oposición de Muk, Puk y Zuk.
Para ellos la vida y la felicidad eran una misma cosa. No concebían un mundo oscuro o triste, ni concebían que nadie lo concibiera, no entendían el dolor ni la falta de felicidad y por ello les parecía que todos los que rodeaban eran igual de felices.
Habían nacido hacía poco, es cierto. No tenían tampoco experiencia en la vida y apenas se diferenciaban de otros cientos que habitaban la misma granja, pero tenían algo que les distinguía, tenían un amigo. Su amigo se llamaba Javier y era nada menos que el hijo de los propietarios de la granja, por ello mientras los otros conejos permanecían en sus jaulas, ellos disponían de casi absoluta libertad. La misma escena tenía lugar cada mañana:- Muk, Puk, Zuk, ánimo. Es hora de jugar.
Estas palabras eran casi mágicas para ellos. La vida, la auténtica vida, empezaba a partir de ese momento. Y ese día no iba a ser diferente de los demás. ¡Al contrario! Por ignorados motivos la felicidad era desbordante ese día. Había coros de niños cantando, otros que corrían en trineos y unos pocos haciendo trabajosamente muñecos de nieve. Muk, Puk y Zuk estaban como atontados ante tanta actividad y escuchaban las canciones que cantaban los niños. Todos tenían casi la misma letra. Hablaban de Jesús, de María , de José, de Belén, de Nazareth, del Cielo, del amor... Poco a poco fueron comprendiendo el motivo y la causa de tanta alegría y por ello los sorprendió todavía más ver el rostro de su madre.
- ¿Qué te pasa mamá? ¿Por qué estás triste? Alégrate mamá. Hoy todo el mundo es feliz, todos los niños juegan, todos corren, todos cantan... pero mamá, ¿qué te pasa?
- No me pasa nada - dijo la madre -. Estoy perfectamente bien. Me alegra mucho que estés contento y de que Javier sea tan bueno con nosotros.
Sin embargo, y pese a esas consoladoras palabras, la madre de Muk, Puk y Zuk apenas podía contener sus lágrimas. Ya de noche, aprovechando la oscuridad y asegurándose de que nadie la veía, no pudo contener más su llanto.
- Dios mío, tu que eres infinitamente bueno, concédeme un humilde deseo. No permitas que hoy se lleven a ninguno de mis hijos. Papá y yo hemos vivido bastante, pero ellos son demasiado felices y demasiado jóvenes, déjales vivir todavía algún tiempo para que conozcan el hermoso mundo que tu has creado.
Mientras mamá conejo se hallaba sumida en el más profundo dolor, Javier iba a tener ocasión de recrear su vista en un espectáculo portentoso que nunca había visto. Toda su familia se había trasladado a la ciudad para asistir a la misma del gallo, y al entrar en la Catedral la impresión no podía ser mayor. La iluminación, la nave gótica cuajada de cirios encendidos, la música del órgano, el coro, el olor a incienso y allí en medio, con un antuendo que a Javier se le antojó sumamente majestuoso, el Obispo, el reverendo Obispo cuyas palabras eran escuchadas por todos con santa devoción.
- Hoy conmemoramos el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, hoy pues ha de ser un día de amor, de perdón, de amistad. Dios envió a su hijo a la muerte para darnos la vida y nosotros hoy, siguiendo su ejemplo, hemos de dar la vida a cuanto nos rodea. Hemos de olvidar rencores y odios y pagar con bondad el mal que nos hayan podido hacer. Hoy no puedo haber enemigos, sino sólo amor.
Los padres de Javier estaban impresionados por la ceremonia.
- Hermosas palabras las de esta noche- decía el padre -. Es un digno Obispo pues sabe transmitirnos el más puro espíritu de Cristo.
Después de un ajetreado viaje llegaron por fin a casa.
- Vamos querida. Empieza a preparar la cena que pronto vendrán los invitados. Recuerda que hoy es Nochebuena y has de guisar mejor que nunca.
La madre de Javier asintiendo con la cabeza, abrió la puerta del patio y avanzó en medio de la noche.
- ¡Papá, Papá! - empezó a gritar mamá conejo -. Ya vienen, es la hora. Coloquémonos cerca de la puerta.
- ¿Qué pasa mamá? - preguntaban los niños -.
- No pasa nada. Nosotros os protegeremos. Poneros al fondo de la jaula.
Una mano penetró en la jaula, buscó y rebuscó cogiendo al fin a mamá conejo por las patas traseras y llevándosela. Ella girando su cabeza todavía movía sus patas delanteras en señal de despedida.- ¡Mamá, mamá! -gritaban sus hijos-. ¡Se llevan a mamá! ¡Mamá, no te vayas!
Estas últimas palabras apenas fueron un sollozo.
- Papá, ¿qué es lo que pasa? Por qué se llevan a mamá?
Papá conejo no pudo contener tampoco sus lágrimas y no le quedó más remedio que explicar la situación a sus hijos.
- Mamá y yo os lo queríamos ocultar, pero ya no tengo fuerzas para disimular más. Se han llevado a mamá para que les sirvamos de alimento.
Los tres habían escuchado desolados estas palabras y fue Muk el único que se atrevió a hablar.
- ¿No volveremos a ver a mamá?
- No. No la volveremos a ver nunca más.
Puk y Zuk al oir estas palabras empezaron a llorar desconsoladoramente. Muk aún tuvo fuerzas para preguntar:
- ¿Y tu papá? ¿Te perderemos también a tí?
- Si hijo.
Y diciendo estas palabras abrazó a sus tres hijos y todos quedaron sollozando.
Muk volvió sin embargo a querer profundizar en el misterio de este ritual humano.
- ¿Cómo pueden ser los hombres tan malos? Nosotros no matamos a nadie.
- No son malos, Muk. No piensan en el daño que nos hacen. Han sido educados así y actuan de esta manera por costumbre. Las personas más buenas del mundo no por ello dejan de matarnos para celebrar sus fiestas. Pero si Dios Nuestro Señor lo ha dispuesto así, es que es su deseo y debemos aceptarlo.
A la mañana siguiente, cuando Javier se acercó a la jaula como cada día,quedó perplejo.
- Pero, ¿qué os pasa... ? "¿Donde está vuestra madre...? ¿No queréis jugar?
- Salid a jugar - les decía papá conejo -. Javier no tiene la culpa de nada.
Pero no pudo convencerlos.
- Mañana volveré - dijo Javier -. Espero que estéis de mejor humor.
Pero una vez se fué Javier, papá conejo les habló muy seriamente:
- Hoy es el día de nuestra mayor desventura. Miles de animales somos muertos para ser comidos. Nunca se sabe lo que puede pasar y es mejor estar tranquilos de conciencia. Recemos por nuestra madre y para nosotros mismos, para que muramos sin sufrimiento y seamos perdonados.
Apenas se pusieron a rezar cuando vieron a lo lejos una sombra que se acercaba. Se abrió la puerta y uno tras otro fueron cogidos. Sólo Muk quedó en la jaula. Por todos los medios intentó acompañarlos, gritó, pataleó, gritó, pero la puerta se cerró en su hocico.
- Muk, sé valiente hijo. Piensa en nosotros.
Cuando Javier entró en la cocina pudo presenciar un espectáculo horrible. Las mesas estaban manchadas de sangre y llenas de cuchillos también ensangrentados. Las cabezas de sus buenos amigos se hallaban en el cubo de la basura. Javier no podía dar crédito a sus ojos.
-¡Mamá! ¿Qué has hecho?- Javier, no te preocupes. Unos han de morir para que otros vivan...Javier sin hacer caso de su madre salió rapidamente hacia el corral.
- Muk, Muk, perdóname. Yo no sabía nada, yo jamás hubiese hecho nada. Perdóname Muk. Odio a mis padres con toda mi alma.
Muk se compadeció del pobre muchacho y quiso consolarle:
- Javier, no llores. Tu no tienes la culpa, es verdad, pero tampoco tus padres. Ellos no piensan que nos hacen daño. Mi papá que dijo que los hombres no eran malos por hacer esto, sino que simplemente no pensaban en lo que hacían. Javier, perdónalos. Nuestro Señor perdonó a sus enemigos diciendo que no sabían lo que hacían, perdonalos tu también, pues tampoco saben lo que hacen.
Muk había consolado a Javier, pero él mismo se hallaba hundido hasta lo más profundo. Se hallaba terriblemente solo, abandonado. No deseaba otra cosa que seguir el destino de sus hermanos. De pronto, a lo lejos, en medio de la noche, distinguió una figura que se acercaba. A medida se hallaba más cerca vió que se trataba de un anciano, enjuto, con una luenga barba blanca y con un vestido marrón de la cabeza a los pies.
- Hola Muk - le dijo el desconocido -.
- ¿Ha llegado ya mi hora? - le respondió Muk.
- Si Muk. Te ha llegado la hora de ser libre, de correr por los campos y recorrer el mundo.
- ¿A mi no me van a matar?
- No Muk. Yo soy Francisco y soy tu amigo. Dios Nuestro Señor me llamó ayer y me dijo que bajase a la tierra para darte la libertad. Nuestro Señor escuchó lo que decías a Javier. Tu has sabido pagar el daño con amor, has sabido perdonar a tus enemigos y no tener odio. Tu, más que nadie, has sabido celebrar esta Navidad, pues has hecho con tus palabras lo que Jesucristo con su ejemplo. Nuestro Señor quiere que seas muy feliz.
- Pero yo nunca podré ser feliz sin mi papá, mi mamá, sin Puk y Zuk.
- Ah, es verdad, se me olvidaba. Me han dado recuerdos para tí.
- ¿Para mí? ¿Los has visto?
- ¡Claro que los he visto! Vivimos juntos allí arriba.
- ¿Dónde?
- Allí - dijo señalando al firmamento -. ¿Ves aquella estrella tan luminosa? Pues un poco a la derecha hay un camino formado por pequeñas estrellas que conduce a mi casa.- ¿Y están bien allí? ¿Cómo es aquello?
- Claro que están bien. Aquello es... ¿Cómo te diría yo? Es un inmenso prado cuajado de la más hermosas flores, pero como este prado está siempre verde y fresco, las flores nunca se marchitan. Constantemente oyes los cantos más melodiosos de los pájaros y ves correr a todos los animales y como allí nadie muere, nadie necesita matar para vivir. El sol lo ilumina siempre todo, pero cuando queremos llueve para refrescarnos. En Navidad, claro, nieva un poco y así podemos ir con trineos y hacer muñecos de nieve. Ayudamos a Santa Claus a hacer sus paquetes y siempre es generoso con nosotros. Todos seamos muy felices allí, tan felices que tus padres estaban deseando que te llevase allí, pero Nuestro Señor ha querido que antes puedas conocer este mundo donde vives.
Dicho este Francisco abrió la puerta e indicó a Muk que saliera.
- ¿Seré libre? ¿Podré correr por el corral?- Por el corral y por el mundo. Corre, salta, juega y al final ven con nosotros.
- Gracias Francisco, gracias. Recuerdos a papá y a mamá, a Puk y Zuk.
Muk pudo vivir libre y aunque Javier quedó desconsolado al ver por la mañana que no estaba, pensó que era lo mejor. No tuvo nunca rencor a sus padres por lo que habían hecho, pero cada año por Navidad, para celebrar el Nacimiento de Cristo, en vez de matar daba la vida y así en esas señaladas fechas compraba conejos, peces, pájaros... y los dejaba en libertad, quedándose extasiado viéndoles partir velozmente. Así se sentía contento y estaba convencido de que a Nuestro Señor le agradería más su actitud que la de matar y comer.

Sunday, December 18, 2005

Ernst von Dombrowski

ERNST VON DOMBROWSKI, el artista de la madera


Si algo nos cautiva de las obras de este artista que presentamos en este número, es la facilidad que tiene para cautivar al espectador de una sola mirada. Sus sugestivos y sugerentes cuadros, escenas simples, sencillas, emotivas, sus evocadoras figuras y sus planteamientos escénicos, hacen que al contemplarlo, nos surja un ¡oh! interior que emana de la belleza en su estado puro.
Dombrowski trabajó el grabado en madera como pocas lo hicieron, al menos con tal maestría. Hizo más de 2.000 obras, y pese al corto margen de identidad que tiene tal genero artístico, marcó con fuerza y con un sello propio, todas sus obras.
Nacido un 12 de septiembre de 1896 en Emmersdorf an der Donau, en Austria, von Dombrowski iba a tener una infancia muy especial, dada la naturaleza de su padre, escritor de novelas, de cuentos, poesías y demás géneros de la literatura. De este ambiente familiar, surgirán más tarde cuadros e imágenes que pergeñarán las primeras obras de nuestro artista.
Por razones de salud del padre, se vieron obligados a varios traslados, desde la lejana Bohemia, el este de Europa, hasta parar a Austria, siempre en esa franja geográfica. El joven Dombrowski se mueve, pues, en diferentes latitudes territoriales y regionales; estudiará enseguida arte en Graz, luego en Vena, aunque su juventud estará marcada por las tierras de Estiria.
Con apenas 18 años se enrola en la guerra europea y combatirá en los frentes polaco y ruso, sin mayores contratiempos. En 1924 se instala en Graz donde se casará. Anteriormente hizo un intento fallido de quedarse en Berlín, donde incluso montó su taller artístico, pero su tierra natal le atrajo seductoramente.
Sus primeros pasos en el mundo del arte recorrerán todos los géneros habidos, destacando en sus pinturas y dibujos para ilustrar cuentos infantiles, así como para narraciones históricas o de aventuras. También destacaría en sus dibujos de desnudos femeninos. Pero con su pluma y su lápiz diseñaría asimismo escenas políticas, costumbristas, paisajísticas, obras clásicas, en fin, toda la gama normal que recorre todo artista que busca un camino, su camino, para personalizarse.
Su hora le llega en 1934, cuando finalmente encuentra la vía artística que siempre había soñado, donde se encontrará más a gusto, y que le permitirá trabajar y crear con su marca propia: el grabado en madera. Con ciertas influencias expresionistas, Dombrowski se presentará a diferentes concursos, y empezará a darse a conocer. De 1935 a 1938 creará una serie de personajes históricos masculinos, bajo el título de "Bildnisse deutscher Männer", 14 grabados en madera con, entre otros, los retratos de Walther von der Vogelweide, Kant, Ulrich von Hutten, Enrique I (adquirida por el Jefe del Estado), Götz von Berlichingen, etc... Será su primera obra, o serie, realmente popular y que le valdrá la estima de público y crítica.
A partir de entonces le lloverán las ofertas y los encargos. Colaborará en diversas revistas y semanarios, ilustrando todo tipo de cosas. En 1938 será nombrado profesor y director de una de las clases de artes gráficas en la Academia de Artes aplicadas de Munich. Es responsable de los servicios culturales del Partido alemán de aquella época en Estiria.
Sus exposiciones van en aumento, y sus obras se venden rápidamente. Empieza su proyección europea. Pero la guerra trunca en cierta manera esa fulgurante carrera, siendo movilizado en 1941 como oficial en el frente del este. Aún así, hace una gran exposición de sus obras en la "Junge Kunst im Deutschen Reich" en Vena en 1943, con un éxito total y absoluto.
Desgraciadamente para el arte, ese mismo año de 1943, su taller es bombardeado y totalmente destruido por los bombarderos aliados. En 1944 publica un libro de ilustraciones, el último en ese periodo bélico, bajo el título "Herzhafter Soldatenkalender" (Calendario de los bravos soldados) cuya edición será prácticamente destruida en otro bombardeo sobre Frankfurt en 1945.
En 1945, acabada la guerra, es detenido por los americanos y es internado durante dos años en un campo de concentración cerca de Salzburg.
Rehace en parte su vida en 1948 instalándose en la Alta Baviera, en Siegsdorf, donde se construirá una casa. Prosigue, a sus 54 años su labor de diseñador e ilustrador, preferentemente para libros infantiles. A partir de 1951 colabora asiduamente en ilustrar varios calendarios anuales, el "Herzhafter Hauskalender", el "Unsere Kinder", y el "Freundesgabe".
En los 50, a finales, llegan los primeros reconocimientos y premios post‑bélicos, recibiendo la Medalla "Erzherzog Johann" en 1959 y la "Wappenadler" de la ciudad de Krems. En 1971 recibe el premio Rosegger.
En los 70 y los 80 expone en varias salas, y sigue cosechando premios. El mismo instaura uno, en 1982, a modo de Fundación, para los nuevos artistas en Estiria. Al año siguiente, en 1983, se hace una enorme exposición en Salzburg, con más de 200 grabados y 140 dibujos, y ese mismo año se le concede, por parte del gobierno austriaco, la Gran Cruz al Mérito de la República Austriaca.
A partir de ahí, y hasta el final de sus días, recogerá premio tras premio, menciones honoríficas, y múltiples distinciones, siendo dignificado y consagrado como uno de los mayores artistas austriacos del siglo. Su mayor orgullo, el haber sido nombrado ciudadano de honor de Siegsdorf.
Muere el artista en 1985 en esta población, su obra fue legada a la ciudad de Graz y a la fundación del Heimatmuseum de Traunstein.
El nonagenario artista nos ha dejado una inmensa obra de una calidad extraordinaria. Muchos de sus grabados diríase que son transplantes de la obra de Caspar David Friedrich pero en grabados de madera. Sus árboles, sus cielos, su naturaleza, sus paisajes desoladores, sugieren muchas cosas, y el romanticismo planea siempre entre sus dibujos. Pero al mismo tiempo, los rostros que nos traza Dombrowski traspasan la madera para llevarnos más allá del tiempo real, para enmarcarnos en la época antigua.
Como siempre, un artista reconocido (en su país), pero desconocido para el resto del mundo. Pero de nuevo nos remitimos a la frase del inmortal Gracián, que decía que si este no es su siglo, otro mismo año se le concede, por parte del gobierno austriaco, la Gran Cruz al Mérito de la República Austriaca.
A partir de ahí, y hasta el final de sus días, recogerá premio tras premio, menciones honoríficas, y múltiples distinciones, siendo dignificado y consagrado como uno de los mayores artistas austriacos del siglo. Su mayor orgullo, el haber sido nombrado ciudadano de honor de Siegsdorf. Muere el artista en 1985 en esta población, su obra fue legada a la ciudad de Graz y a la fundación del Heimatmuseum de Traunstein.


(Extraído de El barco vikingo, revista de arte, tradición y cultura)

Thursday, October 20, 2005

Poesía romántica (parte III)

Lepanto
G.K. Chesterton
Blancos los surtidores en los patios del sol;
El Sultán de Estambul se ríe mientras juegan.
Como las fuentes es la risa de esa cara que todos temen,
Y agita la boscosa oscuridad, la oscuridad de su barba,
Y enarca la media luna sangrienta, la media luna de sus labios,
Porque al más íntimo de los mares del mundo lo sacuden sus barcos.
Han desafiado las repúblicas blancas por los cabos de Italia,
Han arrojado sobre el León del Mar el Adriático,
Y la agonía y la perdición abrieron los brazos del Papa,
Que pide espadas a los reyes cristianos para rodear la Cruz.
La fría Reina de Inglaterra se mira en el espejo;
La sombra de los Valois bosteza en la Misa;
De las irreales islas del ocaso retumban los cañones de España,
Y el Señor del Cuerno de Oro se está riendo en pleno sol.
Laten vagos tambores, amortiguados por las montañas,
Y sólo un príncipe sin corona, se ha movido en un trono sin nombre,
Y abandonando su dudoso trono e infamado sitial,
El último caballero de Europa toma las armas,
El último rezagado trovador que oyó el canto del pájaro,
Que otrora fue cantando hacia el sur, cuando el mundo entero era joven.
En ese vasto silencio, diminuto y sin miedo
Sube por la senda sinuosa el ruido de la Cruzada.
Mugen los fuertes gongs y los cañones retumban,
Don Juan de Austria se va a la guerra.
Forcejean tiesas banderas en las frías ráfagas de la noche,
Oscura púrpura en la sombra, oro viejo en la luz,
Carmesí de las antorchas en los atabales de cobre.
Las clarinadas, los clarines, los cañones y aquí está él.
Ríe Don Juan en la gallarda barba rizada.
Rechaza, estribando fuerte, todos los tronos del mundo,
Yergue la cabeza como bandera de los libres.
Luz de amor para España ¡hurrá!
Luz de muerte para África ¡hurrá!
Don Juan de Austria
Cabalga hacia el mar.
Mahoma está en su paraíso sobre la estrella de la tarde
(Don Juan de Austria va a la guerra.)
Mueve el enorme turbante en el regazo de la hurí inmortal,
Su turbante que tejieron los mares y los ponientes.
Sacude los jardines de pavos reales al despertar de la siesta,
Y camina entre los árboles y es más alto que los árboles,
Y a través de todo el jardín la voz es un trueno que llama
A Azrael el Negro y a Ariel y al vuelo de Ammon:
Genios y Gigantes,
Múltiples de alas y de ojos,
Cuya fuerte obediencia partió el cielo
Cuando Salomón era rey.
Desde las rojas nubes de la mañana, en rojo y en morado se precipitan,
Desde los templos donde cierran los ojos los desdeñosos dioses amarillos;
Ataviados de verde suben rugiendo de los infiernos verdes del mar
Donde hay cielos caídos, y colores malvados y seres sin ojos;
Sobre ellos se amontonan los moluscos y se encrespan los bosques grises del mar,
Salpicados de una espléndida enfermedad, la enfermedad de la perla;
Surgen en humaredas de zafiro por las azules grietas del suelo,
-Se agolpan y se maravillan y rinden culto a Mahoma.
Y él dice: Haced pedazos los montes donde los ermitaños se ocultan,
Y cernid las arenas blancas y rojas para que no quede un hueso de santo
Y no déis tregua a los rumíes de día ni de noche,
Pues aquello que fue nuestra aflicción vuelve del Occidente.
Hemos puesto el sello de Salomón en todas las cosas bajo el sol
De sabiduría y de pena y de sufrimiento de lo consumado,
Pero hay un ruido en las montañas, en las montañas y reconozco
La voz que sacudió nuestros palacios -hace ya cuatro siglos:
¡Es el que no dice "Kismet"; es el que no conoce el Destino,
Es Ricardo, es Raimundo, es Godofredo que llama!
Es aquel que arriesga y que pierde y que se ríe cuando pierde;
Ponedlo bajo vuestros pies, para que sea nuestra paz en la tierra.
Porque oyó redoblar de tambores y trepidar de cañones.
(Don Juan de Austria va a la guerra)
Callado y brusco -¡hurrá!
Rayo de Iberia
Don Juan de Austria
Sale de Alcalá.
En los caminos marineros del norte, San Miguel está en su montaña.
(Don Juan de Austria, pertrechado, ya parte)
Donde los mares grises relumbran y las filosas marcas se cortan
Y los hombres del mar trabajan y las rojas velas se van.
Blande su lanza de hierro, bate sus alas de piedra;
El fragor atraviesa la Normandía; el fragor está solo;
Llenan el Norte cosas enredadas y textos y doloridos ojos
Y ha muerto la inocencia de la ira y de la sorpresa,
Y el cristiano mata al cristiano en un cuarto encerrado
Y el cristiano teme a Jesús que lo mira con otra cara fatal
Y el cristiano abomina de María que Dios besó en Galilea.
Pero Don Juan de Austria va cabalgando hacia el mar,
Don Juan que grita bajo la fulminación y el eclipse,
Que grita con la trompeta, con la trompeta de sus labios,
Trompeta que dice ¡ah!
¡Domino Gloria!
Don Juan de Austria
Les está gritando a las naves.
El rey Felipe está en su celda con el Toisón al cuello
(Don Juan de Austria está armado en la cubierta)
Terciopelo negro y blando como el pecado tapiza los muros
Y hay enanos que se asoman y hay enanos que se escurren.
Tiene en la mano un pomo de cristal con los colores de la luna,
Lo toca y vibra y se echa a temblar
Y su cara es como un hongo de un blanco leproso y gris
Como plantas de una casa donde no entra la luz del día,
Y en ese filtro está la muerte y el fin de todo noble esfuerzo,
Pero Don Juan de Austria ha disparado sobre el turco.
Don Juan está de caza y han ladrado sus lebreles-
El rumor de su asalto recorre la tierra de Italia.
Cañón sobre cañón, ¡ah, ah!
Cañón sobre cañón, ¡hurrá!
Don Juan de Austria
Ha desatado el cañoneo.
En su capilla estaba el Papa antes que el día o la batalla rompieran.
(Don Juan está invisible en el humo)
En aquel oculto aposento donde Dios mora todo el año,
Ante la ventana por donde el mundo parece pequeño y precioso.
Ve como en un espejo en el monstruoso mar del crepúsculo
La media luna de las crueles naves cuyo nombre es misterio.
Sus vastas sombras caen sobre el enemigo y oscurecen la Cruz y el Castillo
Y velan los altos leones alados en las galeras de San Marcos;
Y sobre los navíos hay palacios de morenos emires de barba negra;
Y bajo los navíos hay prisiones, donde con innumerables dolores,
Gimen enfermos y sin sol los cautivos cristianos
Como una raza de ciudades hundidas, como una nación en las ruinas,
Son como los esclavos rendidos que en el cielo de la mañana
Escalonaron pirámides para dioses cuando la opresión era joven;
Son incontables, mudos, desesperados como los que han caído o los que huyen
De los altos caballos de los Reyes en la piedra de Babilonia.
Y más de uno se ha enloquecido en su tranquila pieza del infierno
Donde por la ventana de su celda una amarilla cara lo espía,
Y no se acuerda de su Dios, y no espera un signo-
(¡Pero Don Juan de Austria ha roto la línea de batalla!)
Cañonea Don Juan desde el puente pintado de matanza.
Enrojece todo el océano como la ensangrentada chalupa de un pirata,
El rojo corre sobre la plata y el oro.
Rompen las escotillas y abren las bodegas,
Surgen los miles que bajo el mar se afanaban
Blancos de dicha y ciegos de sol y alelados de libertad.
¡Vivat Hispania!
¡Domino Gloria!
¡Don Juan de Austria
Ha dado libertad a su pueblo!
Cervantes en su galera envaina la espada
(Don Juan de Austria regresa con un lauro)
Y ve sobre una tierra fatigada un camino roto en España,
Por el que eternamente cabalga en vano un insensato caballero flaco,
Y sonríe (pero no como los Sultanes), y envaina el acero...
(Pero Don Juan de Austria vuelve de la Cruzada.)


SEXTINA: ALTAFORTE
Ezra Pound

HABLA: Bertran de Born.
Dante Alighieri puso a este hombre en el infierno
porque siempre estaba buscando pelea.
Eccovi!
Juzgad vosotros:
¿Lo he sacado de la tumba?
La escena ocurre en su castillo, Altaforte. «Papiols» es su juglar.
«El Leopardo» es el emblema de Ricardo Corazón de León.

I
¡Maldición! Todo este sur apesta a paz.
¡Perro hijo de puta, Papiols, ven! ¡Que haya música!
Tan solo vivo cuando chocan las espadas.
Pero ¡ah!, cuando veo enfrentarse a los estandartes de
oro, púrpura y marta cebellina,
y a los anchos campos volverse carmesíes debajo de ellos,
entonces aúllo hasta que mi corazón casi enloquece de regocijo.

II
En el cálido verano tengo gran regocijo
cuando las tempestades matan la paz hedionda de la
tierra
y los relámpagos del cielo negro resplandecen carmesíes,
y los truenos feroces me rugen su tonada
y los vientos chillan entre las nubes enloquecidas,
enfrentados,
y por todos los cielos hendidos chocan las espadas de
Dios.

III
¡Quiera el infierno que pronto oigamos chocar de nuevo
las espadas!
¡Y el relincho frenético de los destreros regodeándose
en la batalla,
enfrentando entre sí sus petos erizados de púas!
¡Más vale una hora de combate que un año de paz
con comidas grasientas, alcahuetas, vino y delicada
música
¡Bah! ¡No hay vino como la sangre carmesí!

IV
Me encanta ver salir el sol carmesí como la sangre.
Y contemplo cómo sus lanzas chocan con la oscuridad
y me llena el corazón de regocijo
y la boca se me llena de música disoluta
cuando así lo veo burlarse y desafiar la paz,
su voluntad solitaria enfrentada a toda la oscuridad.

V
El hombre que teme la guerra y se atrinchera
oponiéndose
a mis palabras en pro de la batalla, ese no tiene sangre
carmesí,
sino que solamente sirve para pudrirse en la paz
mujeril, lejos de donde se gana el honor y las espadas chocan.
Por la muerte de esas furcias yo siento gran alegría;
oh, sí, y el aire lo lleno con mi música.

VI
¡Papiols, Papiols! ¡Que haya música!
No hay otro ruido como espadas contra espadas,
no hay grito como el regocijo de la batalla
cuando nuestros codos y espadas gotean carmesí
y nuestras embestidas chocan con la carga del
«Leopardo».
¡Que Dios maldiga por siempre a los que piden «Paz»!

VII
¡Y que la música de las espadas las vuelva carmesíes!
¡Quiera el infierno que oigamos nuevamente chocar las
espadas!
¡Que el infierno tiña de negro por siempre el mero
pensamiento «Paz»!


ORACIÓN
Ezra Pound

Gran Dios, si estamos condenados a ser, apenas, sueños
permite que nuestros sueños hagan temblar al mundo
y que así, soñando, seamos los dueños del orbe.
Deja que seamos las sombras que conmuevan al mundo
y que nos apoderemos de éste, aún sabiendo bien
que, nosotros los sueños, somos unas sombras.
Dios Todo-Poderoso, si los hombres son como espectros,
pálidos y enfermos que han de vivir habitando en estas
brumosas penumbras, temblando la amenaza de las sombras
e intentan alumbrarla acelerando el paso para alejarla;
Sí tus hijos, oh gran Dios, son finezas tan efímeras,
te pido, desde dentro, que traigas el caos destructor
y que engendres algún nuevo linaje de buenos titanes
que amontone las colinas y anime otra vez la tierra.

Cimmeria.

Robert E. Howard

Recuerdo
Los bosques oscuros, que ocultaban laderas de sombrías colinas;
el arco plomizo y perenne de las nubes grisáceas;
los oscuros arroyos que fluían en completo silencio.
y los vientos solitarios que susurraban por los pasos.


Paisaje sobre paisaje, colinas sobre colinas,
ladera tras ladera, tapizadas todas de árboles tétricos,
se extiende nuestra severa tierra. Tanto que, cuando un hombre
coronaba un picacho y miraba, cubriéndose los ojos,
no veía sino paisaje sobre paisaje, colina sobre colina
ladera tras ladera, encapuchadas todas, como sus hermanas.

Era una tierra sombría que parecía albergar
todos los vientos, las nubes y los sueños que rehuyen la luz del sol,
de ramas desnudas que estremecían los solitarios vientos,
presidida toda ella por las lúgubres florestas,
que ni alcanzaba a iluminar ese raro visitante, el sol
que cosía sombras menudas a las figuras de los hombres; la llamaban
Cimmeria, tierra de Oscuridad y de profunda Noche.

Fue hace tanto, y tan lejos
que he olvidado el nombre por el que me llamaban.
El hacha y la lanza de punta de piedra son como un sueño,
las cacerías y las guerras, sombras. Recuerdo
solo la quietud de esta tierra sombría;
las nubes que se apiñaban sobre las colinas;
el crepúsculo de los bosques interminables.
Cimmeria, tierra de la Oscuridad y de la Noche.

Oh, alma mía, nacida entre colinas oscuras,
entre nubes y vientos y fantasmas que rehuyen el sol.
¿Cuántas muertes necesitarás para quebrar al fin
esta heredad que me envuelve en la gris
mortaja de los fantasmas? Busco en mi corazón y encuentro a
Cimmeria, tierra de la Oscuridad y de la Noche.


NOTA: Escrito en Mission, Texas, febrero de 1932; sugerido por la visión de las colinas que se alzan sobre Fredricksburg bajo la neblina de un chaparrón invernal. ROBERT E. HOWARD.

Wednesday, October 19, 2005

Poesía romántica (parte II, prosa poética)

Las penas del joven Werther (fragmentos)
Johann Wolfgang von Goethe

Sí; yo no soy otra cosa que un viajero, un peregrino en el mundo. ¿Y tú? ¿Eres algo más?
(...)
¿Qué es, pues, el hombre, ese semidiós tan ensalzado? ¿No le faltan las fuerzas cuando más las necesita? Y cuando bate sus alas en el cielo de los placeres, lo mismo que cuando se sumerge en la desesperación, ¿no se ve siempre detenido y condenado a convencerse de que es débil y pequeño, él, que esperaba perderse en lo infinito?
(...)
Anoche salí. Sobrevino súbitamente el deshielo y supe que el río había salido de madre, que todos los arroyos de Wahlheim corrían desbordados y que la inundación era completa en mi querido valle. Me dirigí a él cuando rayaba la media noche, y presencié un espectáculo aterrador. Desde la cumbre de una roca vi, a la claridad de la luna, revolverse los torrentes por los campos, por las praderas y entre los vallados, devorándolo y sumergiéndolo todo; vi desaparecer el valle; vi, en su lugar, un mar rugiente y espumoso, azotado por el soplo de los huracanes. Después, profundas tinieblas; después, la luna, que aparecía de nuevo para arrojar una siniestra claridad sobre aquel soberbio e imponente cuadro. Las olas rodaban con estrépito..., venían a estrellarse a mis pies violentamente... Un extraño temblor y una tentación inexplicable se apoderaron de mí. Me encontraba allí con los brazos extendidos hacia el abismo, acariciando la idea de arrojarme en él. Sí, arrojarme y sepultar conmigo en su fondo mis dolores y sufrimientos. Pero ¡ay!, ¡qué desgraciado soy! No tuve fuerzas para concluir de una vez con mis males; mi hora no ha llegado todavía, lo conozco. ¡Ah, Guillermo!, ¡con qué placer hubiera dado esta pobre vida humana para confundirme con el huracán, rasgar con él los mares y agitar sus olas! ¡Ah!, ¿no alcanzaremos nunca esta dicha los que nos consumimos en nuestra prisión?
¡Qué tristeza se apoderó de mí cuando mis ojos se fijaron en el sitio donde había descansado con Carlota, bajo un sauce, después de un largo paseo! También allí había llegado la inundación, y a duras penas pude distinguir la copa del sauce. Pensé entonces en la casa de Carlota, en sus prados... El torrente debía de haber arrancado también nuestros pabellones y destruído nuestros lechos de césped. Un luminoso rayo del pasado brilló delante de mi alma, como brilla en los sueños de un cautivo una ola de luz que le finge praderas, ganados o grandezas de la vida. Yo estaba allí, de pie... ¡ah!, ¿es que me falta valor para morir? Yo debía... Y, sin embargo, heme aquí como una pobre vieja que recoge del suelo sus andrajos y va, de puerta en puerta, pidiendo pan para sostener y prolongar un instante más su miserable vida.



Hiperión (fragmento)
Friedrich Hölderlin

¡Feliz naturaleza! No sé lo que me pasa cuando alzo los ojos ante tu belleza, pero en las lágrimas que lloro ante ti, la bienamada de las bienamadas, hay toda la alegría del cielo.
Todo mi ser calla y escucha cuando las dulces ondas del aire juegan en torno de mi pecho. Perdido en el inmenso azul, levanto a menudo los ojos al Éter y los inclino hacia el sagrado mar, y es como si un espíritu familiar me abriera los brazos, como si se disolviera el dolor de la soledad en la vida de la divinidad.
Ser uno con todo, ésa es la vida de la divinidad, ése es el cielo del hombre.
Ser uno con todo lo viviente, volver, en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza, ésta es la cima de los pensamientos y alegría, ésta es la sagrada cumbre de la montaña, el lugar del reposo eterno donde el mediodía pierde su calor sofocante y el trueno su voz, y el hirviente mar se asemeja a los trigales ondulantes.
¡Ser uno con todo lo viviente! Con esta consigna, la virtud abandona su airada armadura y el espíritu del hombre su cetro, y todos los pensamientos desaparecen ante la imagen del mundo eternamente uno, como las reglas del artista esforzado ante su Urania, y el férreo destino abdica de su soberanía, y la muerte desaparece de la alianza de los seres, y lo imposible de la separación y la juventud eterna dan felicidad y embellecen al mundo.
A menudo alcanzo esa cumbre, Belarmino. Pero un momento de reflexión basta para despeñarme de ella. Medito, y me encuentro como estaba antes, solo, con todos los dolores propios de la condición mortal, y el asilo de mi corazón, el mundo eternamente uno, desaparece; la naturaleza se cruza de brazos, y yo me encuentro ante ella como un extraño, y no la comprendo.
¡Ojalá no hubiera ido nunca a vuestras escuelas! La ciencia, a la que perseguí a través de las sombras, de la que esperaba, con la insensatez de la juventud, la confirmación de mis alegrías más puras, es la que me ha estropeado todo.
En vuestras escuelas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a diferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea; ahora estoy aislado entre la hermosura del mundo, he sido así expulsado del jardín de la naturaleza, donde creacía y florecía, y me agosto al sol del mediodía.
¡Oh, sí! El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona, y cuando el entusiasmo desaparece, ahí se queda, como un hijo pródigo a quien el padre echó de casa, contemplando los misarables céntimos con que la compasión alivió su camino.


Walden, la vida en los bosques (fragmento)
Henry David Thoreau

Cuando escribí las páginas que siguen, o más bien la mayoría de ellas, vivía solo en los bosques, a una milla de distancia de cualquier vecino, en una casa que yo mismo había construido, a orillas de la laguna de Walden en Concord (Massachusetts), y me ganaba la vida únicamente con el trabajo de mis manos. En ella viví dos años y dos meses. Ahora soy de nuevo un morador en la vida civilizada.
(...)

¡Ah! ¡Cuántos días de otoño y de invierno pasé en las afueras de la villa, tratando de oír lo que había en el viento, de escucharlo y manifestarlo prontamente! Casi naufragó en ello todo mi capital y perdí mi propia respiración en la empresa. Si hubiera ello concernido a alguno de los partidos políticos, pueden estar seguros de que habría aparecido en el periódico entre las noticias más importantes. Otras veces miraba desde el observatorio de algún árbol o roca, para poder telegrafiar la noticia de la llegada de alguien, o esperaba al atardecer sobre la cima de una colina que el cielo se cayera y yo pudiera apoderarme de algo, aunque nunca me apoderé de mucho, y eso, al igual que el maná, se disolvía en el sol.
Durante un largo tiempo fui cronista de un diario cuya circulación no era muy grande, y el editor hasta ahora no ha encontrado propicias para ser publicadas la mayoría de mis colaboraciones, y como ocurre generalmente a los escritores, sólo obtuve dolores a cambio de mis esfuerzos. De todas formas, en este caso mis esfuerzos fueron su propia recompensa.
Durante muchos años fui inspector (nombrado por mí mismo) de tormentas de lluvia y nieve, y cumplí fielmente con mi deber; inspector, no de los caminos reales, sino de los senderos del bosque y de los que cruzaban los terrenos, a los que mantenía abiertos y viables en todas las épocas del año; las pisadas del público han dejado en ellos un testimonio de su utilidad.
(...)
Todas las mañanas eran una cariñosa invitación para hacer mi vida con igual sencillez, y puedo decir con igual inocencia, que la misma Naturaleza. He sido un adorador de la aurora, tan sincero como los griegos. Me levantaba temprano y me bañaba en la laguna: era un ejercicio religioso y una de las mejores cosas que hacía. Dicen que en la bañera del rey Tching-Thang estaban esculpidos caracteres que decían: "Renuévate completamente todos los días; hazlo de nuevo y de nuevo y siempre de nuevo." Puedo comprenderlo. La mañana nos trae otra vez las épocas heroicas. Me afectaba tanto el desmayado zumbido de un mosquito dando su vuelta invisible e inimaginable por mi habitación en la temprana aurora, cuando yo estaba sentado con la puerta y ventanas abiertas, como pudiera hacerlo por cualquier trompeta que alguna vez cantó la fama. Era el réquiem de Homero; eran la Ilíada y la Odisea en el aire, cantando sus propias iras y deambulaciones. Había algo de cósmico en ello; un anuncio permanente del eterno vigor y fertilidad del mundo.
(...)
Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido. No quería vivir lo que no fuera la vida; ¡es tan hermoso el vivir!; tampoco quise practicar la resignación, a no ser que fuera absolutamente necesaria. Quise vivir profundamente y extraer toda la médula de la vida, vivir en forma tan dura y espartana como para derrotar todo lo que no fuera vida, cortar una amplia ringlera al ras del suelo, llevar la vida a un rincón y reducirla a sus menores elementos, y si fuera mezquina, obtener toda su genuina mezquindad y dar a conocer su mezquindad al mundo, o si fuera sublime, saberlo por propia experiencia y poder dar un verdadero resumen de ello en mi próxima salida.

Sunday, October 16, 2005

Poesía romántica (parte I)

Erlkönig
Johann Wolfgang von Goethe

¿Quién cabalga tan tarde a través del viento y la noche?
Un padre con su hijo, lo lleva seguro y caliente,
al resguardo de su regazo fiel.

- Hijo mío ¿por qué escondes tu asustado rostro?
- ¿Es el Rey de los Silfos, oh padre, tú no lo ves? -
¿El Rey de los Silfos con su corona y manto?
¡Son alucinaciones hijo, que la niebla te hace ver!

¡Oh lindo niño, anda, ven conmigo!
Verás que juegos alegres te enseñaré.
¡Y qué flores tan extrañas florecen en mi orilla,
con las que mi madre hace dorados ramilletes!

- Padre mío, padre mío, ¿no oyes tú las promesas
con las que el rey de los Silfos pretende atraerme?
- No hagas caso, hijo mío es la fronda seca del árido
bosque, agitada por el cierzo.

- Lindo niño, ¿no quieres venir a mi palacio?
Te aguardan mis hermosas hijas en la entrada.
Cada una, en la noche, arrullará tu sueño
y sabrán entretejer sus danzas y cantos,

- Padre mío, padre mío, ¿no ves allá en la sombra,
resplandecer las bellas hijas del monarca?
- Hijo mío, no hagas caso, es la difusa espesura,
lo veo bien y no hay nada más.

- Niño hermoso, amo tu belleza divina;
si no vienes por las buenas, emplearé la fuerza.
- Padre mío, padre mío, ¡mira cómo me aferra!
me lastiman sus manos. ¡Defiéndeme padre!

Atemorizado el padre clava las espuelas a su caballo,
aprieta contra su pecho al lloroso niño,
por fin llega al portal de su casona.
Mira, y en sus brazos el niño está muerto.





Nostalgia de la muerte
(Fragmento de Himnos a la noche)
Novalis

Descendamos al seno de la Tierra,
dejemos los imperios de la Luz;
el golpe y el furor de los dolores
son la alegre señal de la partida.
Veloces, en angosta embarcación,
a la orilla del Cielo llegaremos.
Loada sea la Noche eterna;
sea loado el Sueño sin fin.
El día, con su Sol, nos calentó,
una larga aflicción nos marchitó.
Dejó ya de atraernos lo lejano,
queremos ir a la casa del Padre.
¿Qué haremos, pues, en este mundo,
llenos de Amor y de fidelidad?
El hombre abandonó todo lo viejo;
ahora va a estar solo y afligido.
Quien amó con piedad el mundo pasado
no sabrá ya qué hacer en este mundo.
Los tiempos en que aún nuestros sentidos
ardían luminosos como llamas;
los tiempos en que el hombre conocía
el rostro y la mano de su padre;
en que algunos, sencillos y profundos,
conservaban la impronta de la Imagen.
Los tiempos en que aún, ricos en flores,
resplandecían antiguos linajes;
los tiempos en que niños, por el Cielo,
buscaban los tormentos y la muerte;
y aunque reinara también la alegría,
algún corazón se rompía de Amor.
Tiempos en que, en ardor de juventud,
el mismo Dios se revelaba al hombre
y consagraba con Amor y arrojo
su dulce vida a una temprana muerte,
sin rechazar angustias y dolores,
tan sólo por estar a nuestro lado.
Medrosos y nostálgicos los vemos,
velados por las sombras de la Noche;
jamás en este mundo temporal
se calmará la sed que nos abrasa.
Debemos regresar a nuestra patria,
allí encontraremos este bendito tiempo.
¿Qué es lo que nos retiene aún aquí?
Los amados descansan hace tiempo.
En su tumba termina nuestra vida;
miedo y dolor invaden nuestra alma.
Ya no tenemos nada que buscar
–harto está el corazón–, vacío el mundo.
De un modo misterioso e infinito,
un dulce escalofrío nos anega,
como si de profundas lejanías
llegara el eco de nuestra tristeza:
¿Será que los amados nos recuerdan
y nos mandan su aliento de añoranza?
Bajemos a encontrar la dulce Amada,
a Jesús, el Amado, descendamos.
No temáis ya: el crepúsculo florece
para todos los que aman, para los afligidos.
Un sueño rompe nuestras ataduras
y nos sumerge en el seno del Padre.


Enrique de Ofterdingen (Fragmento. Cap. IV)
Novalis

¡El Santo Sepulcro, en manos paganas;
la tumba donde yace el Salvador
sufriendo ultrajes y escarnios,
siendo violada todos los días!
Con voz sorda suena su llamada:
«¿Quién va a librarme de esta saña?»
¿Dónde están sus héroes y sus caballeros?
¡Desapareció ya la Cristiandad!
¿Quién devolverá a los hombres la fe?
¿Quién llevará la Cruz en estos tiempos?
¿Quién romperá estas cadenas de ignominia
y libertará el Santo Sepulcro?
Se levanta, de noche, en mar y en Tierra
sagrada, violenta tempestad.
Quiere despertar al que duerme indolente,
azota el campamento, la ciudad y el castillo;
un grito de dolor en todas las almenas:
«¡En pie, perezoso cristiano; sal de tu casa ya!»
Por todas partes ángeles se ven
con rostros tristes y silenciosos.
Ante las puertas, los peregrinos
–las lágrimas surcan sus mejillas–,
con tristeza, se lamentan
de la crueldad de los sarracenos.
Una mañana, roja y triste, se levanta
en el amplio país de los cristianos;
el tormento de la pena y del amor
empieza a brotar en todas las almas:
toman todos la Cruz, toman la espada,
y salen enardecidos de su hogar.
Un celo ardiente ruge en los ejércitos:
hay que librar el sepulcro del señor.
Su alegre impaciencia les empuja hacia el mar,
para llegar muy pronto a los Santos Lugares.
Hasta los niños acuden corriendo
para juntarse a este sagrado ejército.
La Cruz ondea en lo alto, en el glorioso estandarte;
los viejos héroes caminan delante;
las puertas santas del Paraíso
se abren para acoger a los piadosos guerreros:
todos quieren participar de la gran dicha
de derramar su sangre por Cristo.
¡A la guerra, cristianos! Las huestes divinas
entrarán con nosotros en la Tierra Prometida;
muy pronto sentirá el furor de los paganos
el temible castigo de la diestra de Dios;
y con ánimo alegre lavaremos entonces
el Sagrado Sepulcro con sangre de paganos.
Llevada por los ángeles, la Virgen santa
planea por encima de la horrible batalla,
y aquel a quien la espada ha derribado
se despierta en los brazos de su Madre.
Con rostro iluminado ella se inclina
hacia este mundo, en que resuenan las armas.
¡Adelante! ¡A los Santos Lugares!,
resuena sorda la voz del Sepulcro.
Pronto, con la victoria y la oración,
será lavado el pecado del hombre.
El reino de los paganos terminará, por fin,
cuando el Sepulcro se encuentre en nuestras manos.



Muerte por la patria
Friedrich Hölderlin


¡Llegas, oh batalla! De las colinas
bajan al valle oleadas de jóvenes
para enfrentar a los insolentes invasores,
seguros de su arte y de su brazo.
Pero más segura que todo,


el alma de los jóvenes se abate sobre ellosm
pues los justos pegan como magos
y sus cantos patrióticos
paralizan las rodillas de los infames.

¡Recibidme, recibidme en vuestras filas,
no quiero morir un día de vil muerte!
Morir inútilmente me horroriza;
pero sí caer en el altar de la patria,

desangrar mi corazón por la patria.
Pronto esto será un hecho. Aquí estoy,
yendo hacia vosotros, camaradas,
que me enseñasteis a vivir y a morir.
¡Sí, ya bajo a la batalla!

¡Cuántas veces bajo el sol tuve sed
de veros, héroes y poetas de otros tiempos!
Ahora acoged como amigo al humilde extranjero
y seremos unos de otros hermanos.

Ya llegan los heraldos de la Victoria:
¡La batalla es nuestra! Sigue viendo
en lo alto de la luz, oh patria,
y no cuentes los muertos. Porque por ti,
ni uno solo de más ha caído.

Sunday, September 25, 2005

Wilhelm Petersen

WILHELM PETERSEN, el pintor del norte.
Por J. Nicolás


En el mundo del arte, como en otros campos culturales, existe siempre la injusticia frente al marketing: artistas con una categoría impresionante permanecen en la sombra, mientras que otros que han sabido tener un astuto marchante, pero cuya calidad es deplorable, han triunfado. Este es el caso de Wilhelm Petersen, artista del norte, de lo nórdico, de las sagas vikingas y el Mar del Norte, de los rostros campesinos y las estampas familiares junto al calor de un fuego, totalmente desconocido, arrinconado en una esquina del arte por el mundo mercantilista actual.
Originario de Elmshorn, pueblo situado al norte de Alemania, muy cercano a Dinamarca, tuvo unas raíces indudablemente campesinas y marineras. Y ello hizo que Petersen puediese reflejar en sus óleos y grabados los rostros recios y bellos de los labriegos y marinos de esa parte de Europa. O los rostros nobles de los rubios vikingos de las antiguas sagas escandinavas.
Nació nuestro artista un 10 de agosto de 1900, y ya desde temprana edad, a los 6 años, empezó a hacer dibujos con mucha precisión, hasta ingresar en 1916 en una escuela de arte muy conocida en Hamburg, la de Gustaf Dorén, donde pulió su técnica. Luchó en la primera guerra mundial con apenas 17 años. Y siguió pintando, con muchas dosis de autodidácta, esbozos y esquemas de diferentes temas.
Los años veinte los dedica a recorrer algunas familias de la nobleza, donde produce óleos de diferentes personajes de esta corte familiar. De esta manera se va sosteniendo Pero pronto se aburre de esta vida y se enrola como marino en diferentes barcos, surcando los mares del Norte y pintanto acuarelas de todo lo que ve y experimenta. A la vuelta de su "diápora" marina, se dedica intensamente a ensayar nuevas técnicas de pintura, llegando a dominarlas todas: óleo, acuarela, grabado, carbón, pastel, etc. Empieza sus grandes retratos al óleo, que será lo mejor de su obra. Viaja a Berlín donde comienza una colaboración muy interesante con el Dr. Lindner y la Biblioteca de Arte. Inicia un periplo por toda Escandinavia primero, y por el Tirol, Austria y Baviera después, donde recoge muchas ideas para sus futuras obras. De esta época datan los primeros libros editados por él.
Breughel le va a marcar definitivamente. En 1926 se casa, tiene dos hijas, pero en 1936 se divorcia. Trabaja como ilustrador para numerosos diarios y revistas. Se especializa asimismo ilustración de libros infantiles, haciendo unos trabajos interesantísimos y entrañables. En los años 30 se hacen varias exposiciones de sus trabajos y empieza a ser reconocido en Alemania, y valorado por gran calidad. Se interesa por el tema vikingo y el mundo de los antiguos germanos, los Eddas y el ciclo de Nibelungos, recorriendo museos, bibliotecas, excavaciones arqueológicas y yacimientos, en busca de las fuentes originales. Fruto de todo ello son sus grandes e impresionantes series de pinturas, grabados y acuarelas sobre las sagas escandinavas y germanas, que es uno de los aspectos más atractivos de su producción pictórica.
La exposición de 1936-37 le consagra en Alemania. A partir de aquí se suceden los encargos y otras exposiciones por toda Europa. Se le denomina ya "el pintor del Norte", "el pintor de la belleza nórdica", "el portador de la antorcha del ideal artístico nórdico"... En 1938 obtiene el título de Profesor, y se dedica a una nueva técnica, la del fresco en amplias superficies. La segunda guerra mundial le moviliza, y descubre otro mundo artístico, el de los bocetos "in situ", como documentos gráficos donde se plasman los pormenores de la contienda. Son, estos, cuadros y grabados de una belleza triste, nostálgica, la del soldado en Navidad lejos de la familia, la del soldado leyendo la carta de la esposa mientras monta la guardia, etc. Aparece entonces su primer libro de guerra: "Danza fúnebre en Polonia", con apuntes y esbozos de la lucha en los incicios de la guerra. Escribirá e ilustrará varios diarios de guerra.
En 1941 tiene lugar en Kiel, cerca de su pueblo natal, la más grande exposición sobre su producción, con más de 300 obras. Aquí alcanza Petersen su cénit artístico. En 1942 se casa por segunda vez, con una nieta de su primer maestro, Gustaf Dorén, llamada Lotte Luhmann.
Hacia el final de la guerra, en una emboscada contra los rusos, le estalla un proyectil cerca de la cabeza y le hace perder la visión de un ojo casi por completo. En 1945 los ingleses destruyen su pueblo totalmente, entre otras, su casa natal. Petersen es detenido y pasa por varios campos de concentración ingleses. Es liberado en 1946. Empieza la dura posguerra para él. Hace ilustraciones para todo tipo de ocasiones, desde etiquetas comerciales hasta tarjetas de Navidad y calendarios. A finales de los años cuarenta vuelve a colaborar con sus dibujos en diferentes diarios alemanes. Inicia su recuperación poco a poco.
En las décadas siguientes vuelve a especializarse en el género de las ilustraciones infantiles y juveniles, lo que le mantiene muy activo y, económicamente, más desahogado. En 1965 tiene lugar la primera retrospectiva de su arte después de la guerra, en una pequeña localidad alemana. En 1975 se incendia su casa paterna, reconstruida tras la guerra, perdiendo buena parte de su producción. Petersen, invencible, vuelve a reconstruir su casa paterna al año siguiente.
Empieza a escribir sus memorias. Siguen los reconocimientos y algunas exposiciones. En 1977 decide retirarse oficialmente del arte, con 77 años de edad. En 1980 se le hace un gran homenaje por su 80º aniversario. Finalmente, siete años después, muere Petersen en su pueblo natal, Elmshorn, con una producción de más de 10.000 ilustraciones y grabados. Su obra, pese a todo, permane inmortal, y los aires nórdicos preservarán con su aire marino esos óleos únicos de belleza serena, ...divina.

(Extraído de EL BARCO VIKINGO. Revista de arte, tradición y cultura)

Monday, September 12, 2005

Sepp Hilz

Sepp Hilz; de campesinos y vida rural.


Hay mucho que hablar de este pintor absolutamente desconocido, y, sin embargo, cuyo arte fue famosísimo en su época. Si contemplamos su rostro vemos en él al tipo adusto, de rasgos bellos, mirada franca y con cara noble. Vemos en su mirada mucho de su arte: rostros campesinos, bellas muchachas rubiotas con sus delantales y sus dirndls en faenas del campo, alegres jóvenes atendiendo la tarea de cuidar animales en la granja, la mirada enigmática de una muchacha del norte...
Nace Sepp Hilz en 1906 en la Alta Baviera, en un pueblecito llamado Bad Aibling, y ya en sus venas lleva genes de pintor, pues su padre era pintor de iglesias, por ello su formación proviene, primera y principalmente del estudio y contemplación en el taller de su padre. Y del medio rural donde vivía.
Como muchos principiantes e inquietos del arte de aquella época tan convulsa, Sepp Hilz se traslada a estudiar arte a Munich, la cuna del arte alemán en aquellos momentos, ingresando en la prestigiosa academia Heymann. Pero una vez acabados sus estudios, después de un año y medio, vuelve al redil, vuelve a su pueblo, fuente inspiradora de muchos de sus bellos cuadros.
Será ese medio rural el que nunca abandonará y que generará la temática de su pintura. Esos cálidos paisajes, suaves de colinas verdes, con vacas y caballos pastando tranquilamente; la vida del campo, dura y pura, pero con sus momentos alegres e idílicos: las fiestas campesinas, las reuniones en el establo comunal, o de algún vecino para comentar la alegre jornada del día mientras un acordeón suena en una esquina y una pareja se pone a bailar una polka; el campesino que guarda el rebaño, deseando llegar a casa a tomar un buen tazón de leche al lado de sus hijos; las muchachas que ríen confabuladoramente, con sus trajes de faena, mientras lavan la ropa o echan el heno a las cabras...
Es especialmente entre los años 1938 y 1944 cuando Sepp Hilz se hace conocido, cuando presenta 22 óleos, entre ellos su célebre "Trilogía campesina". Tuvo tal éxito dicha trilogía que el ministro de Propaganda de entonces, ministerio al cual se adscribían todas las actividades artísticas, le dió el título de Profesor, exactamente en 1943.
Una de sus obras de esta época, la titulada "Nach Feierabend" (Después de la tarde libre) fue comprada en 1938 por el Jefe del Estado alemán por 10.000 RM, cifra nada despreciable. También adquirió otro cuadro, el titulado "Wetterhexe" (Tiempo de brujas).
En ese mismo año de 1938, Sepp Hilz recibió uno de los más prestigiosos premios artísticos alemanes, el Premio Lenbach. Tanta impresión causó Sepp Hilz que, recomendado por un fotógrafo muy renombrado entonces, el Profesor Heinrich Hoffmann, consiguió que el Jefe del Estado alemán le concediese la suma de 100.000 RM, en 1939, para la construcción de su nuevo taller de arte, diseñado por uno de los más reputados arquitectos de aquella época, Degano. Este taller se construiría en Gmund (en el Tegernsee).
En 1940 Sepp Hilz sería denominado "Künstler im Kriegseinsatz" (Artista de guerra). Sus obras principales, aparte de las mencionadas, serán "La Venus campesina" (1939), "Campesina", "La prometida" (1940), el bellísimo "El collar rojo", "Coquetería", "A finales del otoño", "Muchacha pescadora", etc...
Este gran pintor de "lo rústico" y que viviera toda su vida en este medio rural, moriría demasiado pronto, en 1967, con 59 años, en su pueblo natal, Bad Aibling, dejando una obra pictórica realmente remarcable y entrañable.


(Extraído de El Barco Vikingo)